Muchas cosas han sucedido en estos veinticinco años. Hemos sido testigos de grandes acontecimientos que han cambiado el mundo como la caída del Muro de Berlín, la globalización económica, la creación del mercado único interior y el nacimiento del euro. Todos ellos han aportado grandes beneficios económicos a nivel mundial, pero a la vez conviven con una injusta distribución de la riqueza, lo que implica riesgos de fragmentación, precarización laboral y dualidad social en todos los países, no solo en los más pobres.
Hemos visto como los progresos científicos han abierto enormes posibilidades para el desarrollo de la humanidad o el avance permanente de la conciencia por el cuidado del medioambiente. Concretamente la evolución de la biología está permitiendo descifrar el genoma y la clonación de seres vivos. Por tanto, asistimos sin pausa a un proceso continuo de revolución tecnológica que permite eliminar los trabajos pesados o peligrosos y, al tiempo, facilita la vida de las personas.
La tecnología y, en especial, las tecnologías de la información han transformado profundamente nuestras costumbres vitales y hábitos de consumo y ocio así como las formas de trabajar, con el riesgo para algunas personas de quedarse atrás o excluidas del mercado laboral si no consiguen adaptarse a dichos cambios y romper la brecha digital.
En suma, grandes cambios están transformando nuestra forma de pensar, de ver y entender el mundo; cambios que han obligado a reclamar de la educación y la formación un papel importante en el difícil reto de potenciar el capital humano y la capacitación profesional.
Hemos tenido que adaptar nuestros sistemas educativos para adecuarlos a los procesos de cambio. De la enseñanza hemos pasado a los resultados del aprendizaje, a la cualificación adquirida, a la competencia profesional como base en el desempeño laboral, a la gestión del conocimiento. En definitiva, más formación permanente, a lo largo de toda la vida, para hacer frente a empleos flexibles y cambiantes como el mundo que nos rodea. En esta historia, la formación profesional y la formación para el empleo han tenido también su papel protagonista.
En España la formación ocupacional se creó en los años setenta para cualificar rápidamente a los trabajadores que necesitaban los crecientes sectores industrial y turístico. Era hija de los programas del denominado PPO. La instauración de la democracia coincidió con la crisis económica, la reconversión industrial y el incremento del paro. Para dar respuesta a la situación, se creó el Instituto Nacional de Empleo (INEM).
En 1985 se firmó el Acuerdo Económico y Social (AES), a partir del cual surgió el Plan de Inserción y Formación Profesional (Plan FIP), que consolidó la formación para los desempleados y, especialmente, para los que padecían graves carencias de cualificación profesional. Al mismo tiempo se inició el proceso de descentralización de la gestión de la formación ocupacional mediante las transferencias de competencias a las comunidades autónomas.
En la década de los años noventa comenzaron a desarrollarse itinerarios formativos que conducían al establecimiento de los primeros Certificados de Profesionalidad. Y a partir de 1995 el plan FIP comenzó a incorporar en sus programaciones los certificados de profesionalidad.
Desde el año 1993, la formación y el reciclaje profesional de los trabajadores ocupados se ha regulado a través de Acuerdos Nacionales de Formación Continua (cuatro hasta el momento), suscritos entre las organizaciones empresariales y sindicales más representativas, y entre éstas y el Gobierno. Estos Acuerdos se han caracterizado por el protagonismo de los agentes sociales en el diseño e implantación de la formación continua. También han permitido dotar de recursos financieros a las empresas y sus trabajadores, y consolidar un modelo basado en la concertación social y en el desarrollo de instituciones paritarias sectoriales y territoriales.
Por último, en 2007 se regularon las distintas iniciativas de formación que configuran el actual Subsistema de Formación Profesional para el Empleo, su régimen de funcionamiento y financiación, y su estructura organizativa y de participación institucional.
Podríamos decir que la historia de la formación para el empleo es en cierta medida la historia de IFES, pues nuestro crecimiento ha venido impulsado por el desarrollo y la puesta en marcha de las programaciones de formación para el empleo a lo largo de estos veinticinco años, y nos sentimos orgullosos del esfuerzo realizado entre todos. IFES ha promovido más de 115.000 cursos de formación para 1.500.000 alumnos, habiendo impartido unos 12 millones de horas lectivas. También ha realizado más de 250 proyectos, estudios e investigaciones sobre empleo y cualificaciones, tanto de carácter estatal o sectorial como regional. Se han gestionado más de 50 de carácter transnacional y participado activamente en distintos programas e iniciativas comunitarias auspiciadas por la Unión Europea.
IFES está presente en la práctica totalidad del territorio español, con direcciones territoriales en la mayoría de las comunidades autónomas. Cada año cerca de 1.300 personas participan con su esfuerzo y colaboración profesional en las distintas funciones de gestión, administración, asistencia técnica y docencia para desarrollar con éxito todas las actividades.
En estos veinticinco años la Fundación IFES ha demostrado que es una organización madura, consolidada y capaz de adecuarse a las necesidades cambiantes de formación profesional para el empleo. Hoy más que nunca tenemos que afirmar nuestra identidad y trabajar sin apartarnos de los objetivos fundacionales, persiguiendo la estabilidad y consolidando un modelo de gestión compartido con UGT y basado en una organización fuerte en torno a las direcciones territoriales. Este se ha revelado como el más adecuado para garantizar la unidad de empresa, la profesionalidad y la capacidad técnica para poder atender las necesidades crecientes y cambiantes de los trabajadores de nuestro país.
Pero nada habría sido posible sin el esfuerzo y dedicación que muchas personas han aportado a IFES a lo largo de estos veinticinco años. A todos deseo expresar aquí mi agradecimiento, en particular a la Comisión Ejecutiva Confederal de la UGT, a los miembros del Patronato y del Consejo de Dirección, a organismos de la UGT y a todos los trabajadores que han desarrollado en algún momento su vida profesional en nuestra Fundación. También a las instituciones y entidades que nos han otorgado la confianza.
Igualmente, quiero agradecer a Formación 2020, S.A., entidad editora de la revista Formación XXI, la oportunidad que nos brinda y el soporte que nos presta desde hace ya más de diez años para publicar periódicamente la revista cuyo número quiero presentar a continuación.
Aprovechando la celebración del veinticinco aniversario de IFES hemos querido publicar un número monográfico especial dedicado a hacer un pequeño balance respecto de lo acontecido en este último cuarto de siglo en la formación profesional para el empleo.
Teresa Muñoz Rodríguez, secretaria confederal de Formación de UGT y presidenta de la Fundación IFES, aporta un análisis de los antecedentes de la formación profesional para el empleo y su futuro, y propone la integración de las políticas de formación profesional en el marco del aprendizaje a lo largo de la vida.
José Mario Rodríguez Alvariño, subdirector general de Aprendizaje a lo largo de la vida del Ministerio de Educación, nos plantea como desde el Consejo Europeo de Lisboa de 2000 el aprendizaje a lo largo de toda la vida se ha convertido en un concepto fundamental dentro de las políticas europeas en educación y formación. Además de los cambios en las leyes educativas y en los organismos impulsores de la formación de adultos, es necesaria una actuación integrada y coordinada de los distintos subsistemas y Administraciones.
Francisca Mª Arbizu Echávarri, exdirectora del Instituto Nacional de las Cualificaciones (INCUAL) y experta internacional en sistemas de cualificaciones y formación profesional, repasa las fases de desarrollo del Sistema Nacional de Cualificaciones y Formación Profesional durante el periodo de 1986 a 2011. El artículo concluye con la reafirmación de la formación profesional como la mejor garantía de empleo y de optimizar la cualificación en la situación actual de crisis y de cambios de modelo productivo.
Antonio Rial Sánchez y Laura Rego Agraso, profesores de la Universidad de Santiago de Compostela y miembros del grupo de investigación GEFIL, analizan la evolución de la formación profesional en España. Desde 1986 se ha alcanzado el reconocimiento de la experiencia laboral y los aprendizajes no formales e informales, así como una progresiva flexibilización del acceso a las titulaciones. Esto ha contribuido en gran medida a las políticas de empleo al favorecer la adquisición de un puesto de trabajo y, en consecuencia, la posibilidad de formar parte activa de la sociedad.
Rafael Rodríguez de la Cruz, director del Instituto Nacional de las Cualificaciones (INCUAL), aborda la acreditación de las cualificaciones profesionales y la experiencia laboral a partir del Sistema Nacional de Cualificaciones y Formación Profesional y sus instrumentos.
Por último, Ángel-Pío González Soto, catedrático de Pedagogía de la Universidad Rovira i Virgili, ofrece una visión de conjunto sobre la relación entre la formación ocupacional y para el trabajo, y el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la formación, mediante el establecimiento de un marco general que contempla las actitudes en el uso de la tecnología, los programas y líneas de desarrollo adoptadas en España y los modelos y competencias básicas sobre las TIC.
Editorial realizada por: Dña. Leonor Urraca Bellido. Directora gerente IFES