Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Enero 07

Competencias en la educación y formación para la ciudadanía

Por Manzanares Núñez , ISCOD

Hay muchas maneras de educar... y muchas maneras de enseñar. Con cada gesto, cada palabra, cada elección de material didáctico, transmitimos valores. No nos limitamos a transferir contenidos. Pero del cómo los transmitamos dependerá que nuestros alumnos y alumnas entenderán el para qué. El saber, por sí solo, no sirve: hay que utilizarlo para trabajar en la construcción de una sociedad más solidaria, más libre y más justa.(*)

(*) TUTS, Martina y MARÍN TEN, Luz: Educación en valores y ciudadanía. Propuestas y técnicas didácticas para la formación integral. CATARATA. 2006, pág. 13.

1. Nueva realidad

La nueva realidad social y económica: una oportunidad para la ciudadanía responsable y con derechos

El actual desarrollo económico y social en el contexto de la globalización se caracteriza por oportunidades y riesgos para los países y para los ciudadanos. En efecto, los crecientes y acelerados niveles de movimiento de capitales y de personas, así como la difusión del transporte y de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), están siendo tan intensos, amplios y prolongados que podemos afirmar que las sociedades, las organizaciones y las personas se enfrentan a uno de los principales retos en esta etapa histórica: que sus resultados en términos de cohesión económica y social contribuyan al acceso al empleo con derechos de cientos de millones de personas como mejor forma de erradicación de la pobreza y la desigualdad que actualmente afectan a más de dos tercios de la humanidad.

En este contexto de desarrollo, una de las condiciones básicas que garantiza el proceso de desarrollo sostenible es la educación y la formación a lo largo de toda la vida. Cobran especial importancia algunos elementos que condicionan el qué y el cómo (requerimientos específicos) de esta educación y formación: la libre circulación de trabajadores o la unidad y transparencia del mercado de trabajo en los procesos de integración económica, política y social.

Así, la denominada empleabilidad se presenta como un derecho y un deber de los ciudadanos, según recoge nuestra Constitución de 1978: "Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo." 2

En el contexto de la Unión Europea (UE), desde la Cumbre de Lisboa de marzo de 2000 se vienen aplicando estrategias y medidas para hacer que Europa sea la región más competitiva, justa y pacífica del mundo. En lo que respecta a la "sociedad del conocimiento", se hace una especial apuesta por elevar los niveles de educación y formación y, a los efectos del tema que nos ocupa, insiste en que «todo ciudadano debe poseer los conocimientos para vivir y trabajar en la nueva sociedad de la información» y en que "un marco europeo debería definir las nuevas cualificaciones básicas que deben proporcionarse a través de la formación continua: cualificaciones en materias de TI, idiomas extranjeros, cultura tecnológica, espíritu empresarial y habilidades para la socialización". 3

Esta constatación de que las personas son el principal activo que tienen nuestras sociedades para el crecimiento, el empleo y la cohesión social viene reafirmándose periódicamente:

  • Consejo de Barcelona (marzo de 2002), que adoptó el programa de trabajo "Educación y Formación 2020", en el que también se urgía a seguir actuando para "mejorar el dominio de las competencias básicas? y consolidar la dimensión europea de la enseñanza." 4
  • Consejo Europeo de marzo de 2005: "... favorecer a tal efecto el desarrollo de una base común de competencias." 5

2. Camino por recorrer

Un camino por recorrer: necesidad de proveer las competencias y las capacidades básicas

Según un Informe del Centro Europeo para la Formación Profesional (CEDEFOP) de 2004, de aquí a 2010 sólo un 5% de los puestos de trabajo que se creen se destinará a personas con escolarización básica, mientras que para un 50% de los mismos se precisarán trabajadores muy cualificados. En la actualidad se estima que casi una tercera parte de la mano de obra europea (ochenta millones de personas) está cualificada.

En España, los informes PISA y otros datos periódicos del MEC y del INE sobre nuestro sistema educativo, muestran que la situación de los jóvenes que abandonan de forma prematura su escolarización es especialmente precaria (en torno al 30%), y que una parte considerable de la población adulta no tiene las capacidades de lectura y escritura necesarias para desarrollarse en la sociedad.

Los datos de 2005, sobre los niveles de referencia en el ámbito de la UE, no registran progreso alguno desde 2000 en cuanto a la reducción del porcentaje de jóvenes de quince años cuyo rendimiento es insatisfactorio en las capacidades de lectura o al incremento de la tasa de finalización del ciclo superior de la enseñanza secundaria.

Por lo que respecta a otros niveles, el progreso realizado es igualmente insuficiente: al ritmo actual, la tasa de abandono escolar se reduciría en torno al 14% de aquí a 2010, cuando el nivel referido en los Objetivos de Lisboa es del 10%. La participación de los adultos en la educación y la formación está aumentando en tan sólo 0,1-0,2 puntos porcentuales al año, lo que no permitiría alcanzar en este aspecto los Objetivos de Lisboa del 12,5% de aquí a 2010. Además, los datos y la experiencia actual ponen de manifiesto la menor probabilidad de que las personas poco cualificadas sigan formándose, lo que dificulta aún más el apoyo a aquellos que más lo necesitan. 6

La creciente internacionalización de la economía influye en el mundo del trabajo, que se ve expuesto a cambios rápidos y frecuentes. La introducción de las citadas TIC y los enfoques de las Nuevas Formas de Organización del Trabajo (NFOT) condicionan de forma importante la definición tradicional de perfiles profesionales o contenido del trabajo. Los asalariados, a un tiempo, precisan actualizar las competencias específicas inherentes a su puesto de trabajo y adquirir otras nuevas que les permitan adaptarse al cambio.

Los conocimientos, las capacidades y las actitudes de la mano de obra constituyen un factor fundamental para la innovación, la productividad y la competitividad, y contribuyen a la motivación y a la satisfacción personal y profesional de los trabajadores así como a la calidad del trabajo.

El modo en que las personas acceden a la información y los servicios está cambiando, al igual que la estructura y la composición de las sociedades. Por ello, el desarrollo de la sociedad del conocimiento no hace sino aumentar la demanda de competencias clave en las esferas personal, pública y profesional. Esto es, aquellas que sustentan la realización personal, la inclusión social, la ciudadanía activa y el empleo. Así, las Directrices integradas para las Políticas de Empleo de los Estados miembros de la UE, reconocen la importancia que las competencias revisten para el empleo, especialmente para los grupos vulnerables y para la adaptación al cambio. 7

Todas las personas deben poder acceder libremente a las capacidades básicas, como las personas con necesidades especiales, los adultos y los jóvenes que abandonan los estudios de forma prematura, debiéndose promover la validación de estas capacidades a fin de impulsar en la mayor medida posible su validación, potenciando la formación complementaria y las oportunidades de empleo. El objetivo de los trabajos debería ser determinar las capacidades básicas y el modo en que éstas, junto con las capacidades tradicionales, pueden integrarse mejor en los programas de estudios, así como aprenderse y mantenerse a lo largo de toda la vida.

En resumen, se trata de desarrollar un marco de competencias clave (combinación de conocimientos, capacidades y actitudes) necesarias en una sociedad del conocimiento, formulando una serie de recomendaciones sobre la conveniencia de asegurar que todos los ciudadanos puedan adquirirlas.

Este enfoque es uno de los elementos fundamentales que atraviesa todo nuestro Sistema Educativo pero que, en el marco del tema del presente artículo, citando a Juan Delval, cobra especial relevancia: "? los seres humanos no sólo tienen una notable capacidad para el aprendizaje, lo que les permite adquirir casi todo lo que necesitan para sobrevivir, sino que también tienen una peculiar capacidad para enseñar, que les permite situarse en la mente del aprendiz. Pero esto no debe hacernos olvidar que, en definitiva, es el aprendiz el que tiene que formar sus nuevos conocimientos, y que el tutor no puede transmitírselos hechos, sino solamente ayudarle a construirlos." 8

3. Competencias y derecho

Competencias básicas y derecho de ciudadanía

En la sociedad europea, ciudadanía es un concepto político muy desarrollado: la condición de ciudadano con derechos. Los derechos liberales del siglo XIX se han enriquecido con la democracia cristiana y la socialdemocracia después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, nuestra sociedad garantiza las condiciones para el ejercicio de la libertad personal en un marco de convivencia, haciendo extensivo su "aprendizaje": "La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia a los derechos y libertades fundamentales." 9

El debate está planteado en cómo contemplar desde y en el sistema educativo y de formación, de forma específica, las competencias interpersonales, interculturales y sociales y la competencia cívica: "Estas competencias recogen todas las formas de comportamiento que preparan a las personas para participar de una manera eficaz y constructiva en la vida social y profesional, especialmente en sociedades cada vez más diversificadas y, en su caso, para resolver conflictos. La competencia cívica prepara a las personas para participar plenamente en la vida cívica gracias al conocimiento de conceptos y estructuras sociales y políticas, y al compromiso de participación activa y democrática" 10

Nos permitimos hacer una pequeña incursión histórica, citando a la Institución de Libre Enseñanza, para recordar que estos planteamientos tampoco son novedosos entre nosotros: " Pretende despertar el interés de sus alumnos hacia una amplia cultura general, múltiplemente orientada; procura que se asimilen aquel todo de conocimientos ( humanidades ) que cada época especialmente exige, para cimentar luego en ella, según les sea posible, una educación profesional de acuerdo con sus aptitudes y vocación, escogida más a conciencia de lo que es uso; tiende a prepararlos para ser, en su día, científicos, literatos, abogados, médicos, ingenieros, industriales?; pero, sobre eso, y antes que todo eso, hombres , personas capaces de concebir un ideal, de gobernar con sustantividad su propia vida y de producirla mediante el armonioso consorcio de todas sus facultades."   11

Los trabajos relativos a las competencias clave están estrechamente ligados a otras iniciativas encaminadas a mejorar los sistemas de educación y formación que vienen realizándose en nuestro país como son los desarrollos legislativos en torno a los contenidos de "Educación para la ciudadanía" en la reciente Ley Orgánica de Educación (LOE), el nuevo modelo de Formación para el Empleo o, en el ámbito universitario, el Espacio Europeo de la Enseñanza Superior o Proceso de Bolonia.

Para el presente artículo se debe tomar en consideración todo lo referido a la transparencia y el reconocimiento de las cualificaciones y las competencias (principios de validación del aprendizaje no formal e informal?) que viene estudiando el Consejo General de la Formación Profesional (CGFP). En todos los Estados miembros de la UE estos aspectos están siendo objeto de numerosas medidas, lo cual pone de manifiesto el cambio de enfoque aplicado, que ha pasado de la "transmisión de conocimientos", al "desarrollo de las competencias" transferibles que preparen a los jóvenes para la vida adulta y el aprendizaje complementario.

4. Alternativa

Una alternativa de interés en el ámbito comunitario

Este enfoque exige nuevos planteamientos de organización del aprendizaje y, por parte de los profesores, nuevas competencias. Los aspectos sociales del aprendizaje también han asumido un papel más destacado: las desigualdades en materia de educación surgen a menudo como consecuencia de una combinación de circunstancias personales, sociales, culturales y económicas, y deben abordarse en colaboración con otros sectores. En especial, con los agentes sociales como las organizaciones empresariales y sindicales.

La preocupación se centra en hacer posible que todos los ciudadanos tengan derecho a un efectivo aprendizaje permanente, que debería realizarse a partir de:

  • a) determinar y definir las competencias clave necesarias para la plena realización personal, la cohesión social y la empleabilidad en una sociedad del conocimiento;
  • b) garantizar que todos los ciudadanos, al término de la educación básica y, sobre todo, al finalizar cualquier ciclo de formación profesional, y antes de incorporarse a la vida activa, hayan desarrollado las citadas competencias clave y que los adultos sean capaces de desarrollarlas y actualizarlas a lo largo de su vida.

Muchos países han puesto en marcha programas destinados a adultos sobre capacidades básicas como la lectura, la escritura, el cálculo y las TIC. No obstante, algunos países como España no están todavía en posición de ofrecer a todos los ciudadanos la posibilidad de adquirir y poner al día sus capacidades básicas y, aunque muchos de ellos reconocen la necesidad de ampliar las competencias de los adultos en tanto que alumnos, no han logrado alcanzar un acuerdo sobre la naturaleza de dichas competencias, cuya oferta aún dista mucho de ser coherente.

Los ejemplos de buenas prácticas estratégicas de los Estados miembros de la UE muestran que la oferta de enseñanza para adultos debe centrarse en prioridades nacionales, regionales o locales claramente definidas. Estas deberían traducirse en infraestructuras que reconozcan y tengan en cuenta la diversidad de las necesidades de los adultos y que dispongan de personal docente cualificado al efecto, así como en medidas encaminadas a garantizar el acceso mediante incentivos y servicios de orientación y asesoramiento.

En este sentido, conviene reconocer la situación particular de los alumnos potenciales y tener en cuenta su experiencia anterior y sus necesidades y aspiraciones en materia de aprendizaje, así como otras cuestiones más amplias que están ligadas a las políticas sociales y de empleo, incluida la población emigrante, y que exigen el compromiso de todas las partes interesadas.

Llegados a este punto, conviene destacar la última aportación en el ámbito comunitario (competencias clave para el aprendizaje permanente, un marco de referencia europeo): "... abarcan los conocimientos, las capacidades y las actitudes que favorecen una mayor participación de las personas en el desarrollo sostenible y la ciudadanía democrática." 12

Esta Recomendación define las competencias clave que todos los ciudadanos precisan en economías y sociedades basadas en el conocimiento, con la finalidad de potenciar los esfuerzos de los Estados miembros encaminados a desarrollar sus sistemas de educación y formación y velar por que promuevan su adquisición. La citada Recomendación en su Anexo final, que animamos a consultar, establece y desarrolla las ocho competencias clave siguientes:

  • 1. comunicación en la lengua materna;
  • 2. comunicación en lenguas extranjeras;
  • 3. competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología;
  • 4. competencia digital;
  • 5. aprender a aprender;
  • 6. competencias interpersonales, interculturales y sociales, y competencia cívica;
  • 7. espíritu de empresa;
  • 8. expresión cultural.

En la citada Recomendación, las "competencias" se definen como una combinación de conocimientos, capacidades y actitudes adecuadas al contexto. Las competencias clave son aquellas que todas las personas precisan para su realización y desarrollo personal, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo. Al término de la educación y la formación inicial, los jóvenes deben haber desarrollado las competencias clave en la medida necesaria para prepararlos para la vida adulta, y deben seguir desarrollándolas, manteniéndolas y poniéndolas al día en el contexto del aprendizaje permanente. Muchas de las competencias se solapan y entrelazan: determinados aspectos esenciales en un ámbito apoyan la competencia en otro.

Conviene recordar que este enfoque metodológico por competencias viene siendo desarrollado en nuestro país, desde 1990, a través de los contenidos de las cualificaciones necesarios para la obtención de los títulos de grado medio y superior de formación profesional contemplados en la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE).

Posteriormente, la adopción del Sistema Nacional de Cualificaciones y la Ley Orgánica de las Cualificaciones y de la Formación Profesional (2002) , entre otras referencias legales, han contemplado este enfoque.

Ahora tenemos la oportunidad de retomar toda esta experiencia y aprovechar los "vientos comunitarios" que nos llegan con la reciente Recomendación para impulsar una generalización y la "transversalidad" de estas competencias clave, efectivamente desarrolladas, en todos los espacios y niveles de la educación y la formación profesional, especialmente en los ámbitos de la formación continua para el empleo.

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