El propósito de este monográfico no pretende ilustrar esta realidad amplia, variopinta y heterogénea, sino sencillamente, a la luz de tres aportaciones, ofrecer algunas pinceladas del gran abanico que puede abrirse sobre este particular. Se concreta en este sentido, en torno a modalidades-estrategias formativas en el puesto de trabajo, la teleformación como modalidad recurrente y significativa, especialmente en la formación continua, y por último se apunta a centros integrados como realidad emergente, a la par que necesitada, de articular la conjunción de los tres subsistemas de formación para el trabajo.
En primer lugar, Antonio Navío Gámez, en su documento sobre Modalidades de formación en el puesto de trabajo, reflexiona sobre la formación en el puesto de trabajo y sobre la importancia de la organización de dicho contexto formativo para propiciar el aprendizaje desde la lógica de la formación implícita. En la segunda parte, pormenoriza el autor en torno a las modalidades más usuales de formación, haciendo especial énfasis en el entrenamiento, la rotación de puestos y la asignación de cometidos especiales.
En segunda lugar, Vicente Giménez Marín, con su aportación sobre La teleformación. Hacia una comunidad educativa, nos ofrece la experiencia de esta modalidad en el sector de la construcción, para centrarse posteriormente en esta modalidad formativa desde un planteamiento de creación de una comunidad educativa a través de la articulación del campus virtual como espacio formativo o lugar de encuentro del propio trabajo, la formación y la información donde pueden participar todos los implicados, desde los destinatarios hasta los profesores, los tutores, los responsables de formación, etc. como actores de la formación en interacción.
Por último, Manuel Lanza Matas, con su aportación sobre Los centros integrados de formación profesional. Reflexiones desde una nueva perspectiva, alude a la necesidad ya apuntada en el propio desarrollo del Sistema Nacional de Cualificaciones Profesionales de nuestro país. Recurre a una mínima ubicación normativa de los últimos años, para llegar a apuntar algunas dificultades en la creación de los centros integrados, aún contando con cierta experimentación sobre el particular. Las problemáticas las ubica en la propia dificultad de integración de los subsistemas y la necesidad de desarrollo en los mismos. Para ello es necesario también la ordenación de los ciclos formativos, los propios certificados de profesionalidad, así como el sistema de reconocimiento y acreditación de las competencias profesionales. De alguna manera, también concluye que los centros integrados de formación para el empleo pueden ser muy útiles como fórmula intermedia en la integración de los tres subsistemas.
José Tejada Fernández