Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Enero 07

Formación y ciudadanía

El concepto de ciudadanía se reincorpora al debate educativo con nuevas energías e igualmente se introduce en las políticas gubernamentales para compensar las críticas que proyectaban una imagen individualista y erosionadora de los valores de participación social.

No obstante, es necesario precisar que este término está lleno de ambigüedades y tensiones. Existen diferentes interpretaciones relacionadas con posiciones políticas y sociales así como temas filosóficos asociados a cualquier intento de educar para la ciudadanía. Esto ha dado pie a posicionamientos restringidos o amplios, según se atiendan los cuatro rasgos básicos de la ciudadanía: a) identidad, b) virtudes, c) involucramiento político y d) requerimientos sociales para ejercerla. En este sentido, las interpretaciones restringidas (mínimas) enfatizan los estatus civil y legal, derechos y responsabilidades que surgen de la membrecía (pertenencia) a una comunidad o sociedad. Así, el buen ciudadano es aquél que acata las leyes, posee un «espíritu público» y ejercita su participación política mediante el voto representativo. La ciudadanía se gana (obtiene) cuando el estatus civil y legal está garantizado. En cuanto a las interpretaciones amplias (máximas), por contraste, implica la conciencia de sí mismo como un miembro de una cultura democrática compartida, enfatiza los enfoques participativos para involucrarse en la política y considera las formas mediante las cuales la desventaja social puede minar (debilitar) la ciudadanía, negando en cualquier sentido a la gente su completa participación en la sociedad.

La ciudadanía tiene diferentes significados de acuerdo con la identidad cultural y política, la raza, el género, la clase y la biografía de la persona. La ciudadanía es así socialmente construida e invoca una parte de los significados, los valores y presupuestos en relación con la nación y la sociedad política. Para Giroux (1989), la ciudadanía es una forma de producción cultural. El individuo se convierte en ciudadano cuando es capaz de «gerenciar» su propia transición hacia la adultez y se orienta-encamina hacia el desarrollo de sus propios proyectos (de vida en sentido amplio). Esto implica considerar que llegar a la ciudadanía implica un proceso en el cual el joven adulto asume progresivamente responsabilidades sociales y manifiesta sus primeras contribuciones en el tejido social. Este proceso exige e incluye la competencia (social) en el sentido que facilita una participación y una contribución activa e integral a la sociedad.

En este enfoque sobre la ciudadanía resulta importante considerar las estructuras institucionales que pueden constreñir o permitir (facilitar) la adquisición y el reconocimiento de varias formas de conocimiento y de competencias necesarias para ejercer de forma integral y armoniosa este rol social: el del ciudadano. Estas diferentes nociones de ciudadanía conducen a su vez a diferentes implicaciones en la educación. Educación para la ciudadanía en su mínima interpretación requiere sólo inducción dentro de los conocimientos básicos de las reglas institucionalizadas concernientes a los derechos y las obligaciones de la persona. En un sentido amplio, requiere una educación para el desarrollo de habilidades críticas y reflexivas, además de capacidades de autodeterminación y autonomía.

En tal contexto de interpretación se ubican las diferentes aportaciones sobre este monográfico. El trabajo de Ángel-Pío González Soto, «Formación y ciudadanía: apuntes para la comprensión y la prudencia», centra, en primer lugar, la atención en la polisemia conceptual de ciudadanía , haciendo hincapié en la necesidad de ofrecer una definición no restrictiva, superadora de los planteamientos exclusivos, para llegar a planteamientos hoy día más inclusivos. En consonancia con ello, ofrece los apuntes para el binomio formación-ciudadanía, en los que trata de integrar las consecuencias anteriores a favor de planteamientos respetuosos con la diferencia y de la construcción-asunción de valores-proyectos comunes consensuados.

Por su parte, José Manzanares Núñez, en su trabajo «Competencias en la educación y formación para la ciudadanía», pone el acento en el referente competencial para la articulación de la educación y la formación para la ciudadanía. La ubicación en un contexto global y, a la vez, la recurrencia a los planteamientos y las preocupaciones actuales en Europa sobre el particular, es decir, sobre las competencias clave del aprendizaje permanente, se convierten en retos para dicha educación y formación.

El trabajo que ofrece Javier Peiró Esteban , «Educación para la ciudadanía: el papel de los ayuntamientos» parte del sentido actual de la educación, en un contexto global, de sociedad del conocimiento, del aprendizaje, y centra su atención en el papel de los ayuntamientos en el entramado complejo de la educación para la ciudadanía. Su posicionamiento privilegiado, vital y cercano, resulta clave para la formación de la ciudadanía; eso sí, superando el debate administrativo y procedimental para llegar, con los ciudadanos, a liderar proyectos de ciudad.