Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Julio 13

Emprender: una alternativa de envejecimiento activo

Establecer relaciones entre el emprendimiento, la edad y el envejecimiento activo plantea una discusión y un reto para la investigación y la educación, escasamente o nada abordado. Estas ponen en tela de juicio el tratamiento dado hasta ahora a la edad como categoría válida para determinar el perfil de quien se propone emprender, estableciendo límites controvertidos e inquietantes que impactan negativamente en la configuración de una sociedad inclusiva basada en la igualdad de oportunidades y en la equidad.

Artículo realizado por: Margarita Valcarce Fernández, de la Universidad de Santiago de Compostela.

La concepción actual de la edad y de la vida activa asociadas invisibiliza talentos fundamentados en la experiencia y la madurez, destruye una parte importante del conocimiento experto, obstaculiza el trabajo intergeneracional, limita las iniciativas y resta apoyos institucionales a personas con plenas competencias profesionales y una actitud de ejercicio continuado. Todo lo anterior determina un escaso o nulo reconocimiento social con la consecuente pérdida de ideas y proyectos de interés para la comunidad en lo colectivo, y el deterioro de la autoestima, cognitivo, de habilidades, destrezas y profesionalidad, en lo personal.

En este artículo se exponen ideas propias a cerca de esta problemática, así como algunos datos procesados procedentes de las estadísticas públicas, que entendemos arrojan referencias objetivas para explicar las cuestiones tratadas, e imágenes gráficas para conceptualizar el tema desde la psicopedagogía. ¿Hay una edad para emprender? sería el interrogante central, y sobre él y algunas de sus facetas es sobre lo que vamos a desarrollarlo.

Introducción

La cultura nos es medible directamente (Díez y Otros, 2002: 105). Proyectamos este aspecto distintivo de la cultura empresarial al conjunto de la sociedad. Podemos, sin embargo, aproximarnos a la realidad utilizando indicadores de su reflejo. Según Berger y Luckmann (1966), construcción social es resultado de la interactividad entre actores de un sistema social del que emergen tipificaciones que darán lugar a roles representados con relación a los otros, pasando de la eventualidad a lo habitual y a su institucionalización en la estructura social. Nos sirve aquí para afirmar que la edad como el género y/o la discapacidad son construcciones sociales. Como tales, condicionados por la cultura y modificables por la intervención educativa.

Así, en nuestro contexto la construcción del rol: comportamientos, actividades y atributos asignados a la edad, comienza en la propia concepción rígida de la psicología evolutiva y de cómo se utiliza ésta para la homogeneización de los niveles educativos y grupos en la escuela, la sociedad y sistemas de salud. Es en los primeros años de vida, primero en el seno familiar y más tarde en el ámbito escolar, cuando se colocan y consolidan los cimientos sobre los que se sustenta la edad como una categoría de segregación o inclusión, asociada -con el paso del tiempo- a la enfermedad y tratada como una discapacidad por el entorno.

De la fusión de emprendedor/a y edad, pretendemos dar forma a emprendedor/a mayor, que denominaremos indistintamente senior . Producto de la descontrolada obsesión actual por clasificar y establecer categorías con el fin de crear atributos innecesarios para tipologías que no tienen por qué ser tal. Nos atrevemos a afirmar que es un constructo sociocultural que contribuye a normalizar ciertos prejuicios y al trato sesgado que está en los fundamentos de la desigualdad de oportunidades y, por tanto, en el marco de lo considerado socialmente injusto. Consultadas diversas fuentes, un tanto imprecisas y poco consistentes de investigadores de diferentes países, no hemos podido encontrar en ellas una definición única ni suficiente para ambos conceptos integrados que podamos referenciar con rigor en este artículo.

Si bien es cierto que dichas fuentes parecen coincidir en vincular al emprendedor con la creación de empresas, la exploración de oportunidades o el manejo del riesgo y la incertidumbre, ligado a ciertos niveles de iniciativa, creatividad e intuición.

Las cifras publicadas por el Servicio Público de Empleo nos muestran que las personas mayores de 45 años tardan más tiempo en encontrar un puesto de trabajo. Sufren la descualificación, la discriminación personal, profesional y salarial como consecuencia de una interpretación estereotipada de la edad por parte de quienes intermedian, producen y especulan y, en consecuencia, tienen que afrontar psicológica y físicamente los efectos negativos de estas circunstancias, construidas por la sociedad actual en base a prejuicios y sesgos que determinan la desigualdad de oportunidades y trato para ellas. Todo avoca a determinar que subyace oculta la percepción de que, como grupo, suponen un gasto y no una inversión como se piensa para los más jóvenes.

Esta situación condiciona, en el empleo por cuenta ajena, su reclutamiento, selección, permanencia, acceso a la formación y despido. En el empleo por cuenta propia influyen la confianza social e institucional en las ideas emprendedoras, la asignación de apoyos y ayudas y el reconocimiento de las aportaciones por parte de la comunidad. Es, desde estas construcciones conceptuales perversas y patológicas, como se determina la expulsión de la vida activa antes de tiempo, en el mundo del trabajo, como ciudadanos y en otros muchos ámbitos, a personas con competencias plenas para la producción de ideas, bienes y servicios.

Sérvulo Anzola propone hasta seis definiciones diferentes para el emprendedor partiendo de diferentes perspectivas, según cita en las conclusiones del evento El impacto de la cultura emprendedora:

  • Económica: Realiza cambios de recursos de una zona de bajo rendimiento a una de alta productividad.
  • General: Hace que las cosas sucedan.
  • Operativa: Aplica su talento creador e innovador para iniciar su propia empresa o engrandecer una ya existente.
  • Política: Se esfuerza por convertir sus sueños en realidad.
  • Popular: Del dicho al hecho hay un gran emprendedor.
  • Pragmática: Inicia su propio negocio nuevo y pequeño.

Otras definiciones, que nos parece interesante recoger, se han tomado del resumen ejecutivo del Libro blanco de la iniciativa emprendedora en España (2010):

  • El emprendedor reconoce las oportunidades y toma acciones para aprovecharlas. Es aquél que tiene habilidades para aprovecharse de las imperfecciones del mercado (Kirzner, 1973).
  • La iniciativa emprendedora incluye el estudio de las fuentes de oportunidades, los procesos de descubrimiento, evaluación y explotación de oportunidades, y las personas que las descubren, evalúan y explotan. La iniciativa emprendedora no requiere, pero puede incluir la creación de nuevas organizaciones (Shane & Venkataraman, 2000).
  • La iniciativa emprendedora es la actitud y el proceso para crear y desarrollar una actividad económica, combinando la toma de riesgos, la creatividad y/o la innovación con una gestión sólida, en una organización nueva o en una existente. La iniciativa emprendedora es, sobre todo, una forma de pensar o una mentalidad. Incluye la motivación y la capacidad del individuo, bien sea en forma independiente o dentro de una organización, para identificar una oportunidad y luchar por ella, y así producir nuevo valor o éxito económico (Comisión de las Comunidades Europeas, 2003).
  • La iniciativa emprendedora incluye la propensión a inducir cambios en uno mismo, la capacidad de aceptar y apoyar la innovación provocada por factores externos, dando la bienvenida al cambio, asumiendo la responsabilidad por las propias acciones, sean positivas o negativas, para terminar lo que se empieza, para saber a dónde vamos, para establecer objetivos y cumplirlos, y tener la motivación para el éxito (Comisión Europea, 2004)

Con respecto a la edad, consultadas distintas fuentes y diccionarios, todos los significados atribuidos a la categoría de SENIOR están relacionados con la idea de persona mayor o persona mayor que otra. En distintos proyectos y programas desarrollados se sitúa en torno a los 50 años, y será éste el referente que adoptemos para el análisis del problema.

Revisado el contexto del emprendimiento, nosotros definimos al emprendedor senior como "una persona o grupo de personas que, no habiendo podido impulsar una iniciativa productiva en edades más tempranas, por falta de recursos, experiencia y/o maduración de la idea, toma la decisión de emprender en edades superiores a los 45 años" y, si tuviéramos en cuenta la definición de la Real Academia Española, citada en la introducción, deberíamos considerar la categoría según el contexto. Es decir, determinaríamos quién es emprendedor senior en función de los demás del mismo entorno (geográfico, sectorial, económico, cultural?). Por ejemplo, si los emprendedores del sector mediombiental tienen una edad media de 25 años y hay varios de 30 en el mismo contexto, estos últimos serían SENIOR. De nuevo, nos sirve el argumento para reforzar la afirmación de que la edad es una construcción social.

Las personas mayores conservan en su patrimonio inmaterial personal y profesional, el conocimiento como un importante recurso con el que seguir contribuyendo al desarrollo socioeconómico.

Ha sido y sigue siendo un objetivo de la Organización Mundial para la Salud (OMS) extender la calidad, la productividad y esperanza de vida a edades avanzadas. Así, tras adoptar a finales de 1999 el término envejecimiento activo, en el año 2002 lo define como ?el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen? (OMS, 2002:79). La propuesta es aprovechar al máximo las oportunidades para tener un bienestar físico, psíquico y social durante toda la vida. Bajo un paraguas de posibilidades y opciones las actividades remuneradas ocupan un puesto menos destacado, frente a las de voluntariado, socioculturales, educativas, recreativas y otras.

Lo anterior supone relacionar la palabra activo con una implicación en actividades productivas y trabajo significativo, portadores ambos de valor para envejecer activamente de manera saludable, frente a las amenazas progresivas derivadas de los cambios en la salud y de las propias respuestas socioculturales que consideran como destino deseable para este grupo de población, prioritariamente, las actividades recreativas y de ocio.

En la figura siguiente mostramos los factores que determinan el envejecimiento activo.

Figura 1. Factores determinantes del envejecimiento activo._ Fuente: Rev Esp Geriatr Gerontol 2002; 37(S2):74-105. PP82

Análisis del tema

Después de hacer una prospección de la bibliografía sobre el tema, encontramos que es escasa y poco científica en las ciencias sociales y jurídicas. Sobre el emprendimiento hemos podido localizar sobre todo manuales y guías. Por lo que respecta al envejecimiento activo, la mayor parte de las publicaciones lo estudian desde las ciencias de la salud y, acerca de la edad como constructo social, no hemos localizado publicaciones de interés que nos permitan teorizar a partir de estudios previos. Hemos optado, en consecuencia, por aportar ideas propias estableciendo relaciones entre la observación de la realidad, la experiencia propia acumulada y la transferencia de términos y conceptos similares tratados en otros contextos distintos del educativo.

Sólo hemos encontrado una referencia normativa reciente que relaciona el empleo y la edad, aunque se centra en el trabajo por cuenta ajena. Nos referimos a la Resolución de 14 de noviembre de 2011, de la Secretaría de Estado de Empleo, por la que se publica el Acuerdo del Consejo de Ministros de 28 de octubre de 2011, por el que se aprueba la Estrategia Global para el Empleo de los Trabajadores y las Trabajadoras de Más Edad 2012-2014 (Estrategia 55 y más), vigente hasta el 2014.

Por tanto, para el análisis del tema hemos recurrido a la consulta de datos publicados en diferentes fuentes que ofrecen información a través de sus páginas web institucionales, buscando la relación entre éstos y nuestro interés particular para su desarrollo.

Una vez seleccionada la información que estimamos pertinente para el tema, optamos por efectuar su tratamiento estadístico con intención de aproximarnos a describir la panorámica que permite estudiar el problema de la relación existente entre la productividad y la edad para determinar la validez de la iniciativa emprendedora como alternativa en el envejecimiento activo, en la idea de defender que las personas de más edad continúan siendo competentes para el desarrollo socioeconómico.

La actividad es clave para un envejecimiento saludable. El año 2007, según datos del resumen ejecutivo correspondiente al Libro blanco de la iniciativa emprendedora en España, registra la mayor tasa de actividad emprendedora.

Aun afirmándose en este texto el bajo porcentaje de personas emprendedoras en España, en el gráfico anterior podemos observar que el 50 % en ese año corresponde a personas mayores de 35 años. Aproximadamente un 22 % desarrollarían iniciativas empresariales después de los 45 años. Esta cifra anticipa, en parte, que la edad no sólo no resulta una barrera para emprender, sino que parece constituir cierta fortaleza para tomar la decisión de hacerlo.

Recogemos literalmente de la OCDE (2010) dos conclusiones importantes para el tema:

  • La motivación para emprender es mayor si la actividad emprendedora es aceptada socialmente y la función emprendedora es valorada y admirada.
  • Actitudes como el miedo al fracaso y la aversión al riesgo inhiben a potenciales emprendedores a lanzarse a un proyecto.

La crisis económica actual ha reactivado la atención por el emprendedurismo como una de las soluciones estratégicas al desempleo. La múltiple literatura pseudocientífica procedente de consultorías y programas políticos, difundida en gran parte a través de Internet, pone de relieve la ineficacia de las medidas adoptadas hasta la actualidad y la escasa optimización de los recursos que se han destinado a promocionar la actividad emprendedora, si tenemos en cuenta lo anterior y algunas estadísticas relativas al impacto obtenido con dichas actuaciones.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (2006), los motivos que determinan en las personas de más de 50 años la intención y/o necesidad de seguir trabajando son los que recogemos en el gráfico siguiente:

Resulta interesante observar en este gráfico que los motivos manifestados por las personas de más edad para seguir trabajando no difieren de los que mueven a los más jóvenes en la búsqueda de empleo, y esto permite confirmar la idea inicial de que la edad es un constructo social condicionado por la cultura del contexto. Sólo un 20 % mantiene el interés por una vida activa, por otras razones distintas de las económicas, frente a un 76 %, que sitúa entre sus prioridades el trabajo remunerado como fuente de bienestar y estabilidad.

En el gráfico anterior ponemos de manifiesto que un 46 % de la población activa de más de 50 años ha salido de los circuitos de actividades valorizadas socialmente. Si a este grupo sumamos el 21 % de personas que buscan empleo, estamos refiriéndonos a un 67 % de la población de esta edad. Esta cifra la consideramos altamente relevante para la discusión sobre el tema y focaliza el comportamiento social, político e institucional con este grupo de población.

La situación de las personas por cuenta ajena es la que parece dibujar la realidad anterior. En el caso de las otras que han trabajado por cuenta propia en su último empleo, como puede observarse en el gráfico 4, la panorámica es claramente distinta. Un 49 % se jubila anticipadamente y sólo un 6 % parece desear seguir trabajando. Resulta relevante para la discusión profundizar en las causas que motivan la jubilación anticipada en el autoempleo y nos aventuramos a especular que podrían estar relacionadas con relevos familiares en la actividad, agotamiento, falta de reconocimiento social, pérdida de competitividad o bonanza/declive económico.

Si tenemos en cuenta los factores que podrían contribuir a la prolongación de la vida laboral en las personas de más de 50 años, observamos que lo más determinante para este grupo es contar con estabilidad, seguido de flexibilidad laboral y formación, como podemos interpretar del gráfico siguiente. Esto nos lleva a considerar que estas personas necesitan un mayor apoyo económico para emprender y que la flexibilidad horaria, asegurada en las características de esta modalidad de empleo, contribuiría a proporcionarles satisfacción y un envejecimiento activo positivo.

Paradigmas

Pertenecemos a sociedades en las que han proliferado las categorías, y la clasificación se ha convertido en un ejercicio imprescindible de ordenaciones de todo tipo: territorios, personas, clases sociales, bienes, competencias? por citar algunos. Como ya se ha anticipado, consecuencia de esta tendencia emergen estereotipos culturalmente aceptados que contribuyen directa o indirectamente a la exclusión, marginación, falta de reconocimiento y apoyo de unos roles u otros.

Revisando la información publicada en Internet, podemos encontrar una cantidad difícil de precisar de páginas, blogs, redes? dedicadas a hablar de las personas emprendedoras. Cómo definirlos, sus características y cualidades, errores más frecuentes, procesos que siguen, etc. Dentro de esta categoría, subdivisiones que responden a las subcategorías de emprendedor joven, mujer emprendedora, emprendedor con discapacidad, emprendedor contra la crisis, emprendedor responsable, emprendedor social, emprendedor universitario, etc., pero no hemos encontrado la subcategoría de emprendedor senior, intraemprendedor. Tampoco en la literatura consultada, referenciada al final. Si bien es cierto que en la red Linkedin ha emergido con fuerza un grupo denominado INTERNATIONAL 45+EXPERIENCE 2.0, que ya ha impulsado una asociación y comparte preocupaciones y posiciones relacionadas con el contenido de este artículo.

Nos encontramos, pues, con la primera de las circunstancias que describen su valor en la sociedad y el mercado productivo actuales: la invisibilidad.

No hay rastro, no existen, no hay reconocimiento social, no hay actividades de apoyo.

NO HAY REFUERZO - HAY PÉRDIDA DE CONFIANZA - NO AUMENTA EL EMPRENDIMIENTO

Esta inexistencia, reflejada en la abundante información publicada, conlleva los devastadores efectos colaterales de la situación que relacionamos (citando sólo algunos ejemplos) a continuación, para el emprendedurismo de las personas que incluimos en este grupo:

  • Inexistencia de asesoramiento especializado.
  • Inexistencia de recursos y ayudas.
  • Inexistencia de datos para el estudio y la posterior mejora sus condiciones.
  • Falta de reconocimiento social.
  • Desvalorización del rol.
  • Desconfianza ante los posibles logros.
  • Pérdida de autoestima.
  • Desaprovechamiento del talento maduro y la experiencia.

Demasiado psicologizado y contaminado por las estadísticas, el emprededurismo nos lleva a actuar bajo la convicción de que sólo las personas más jóvenes pueden o deben ser emprendedoras, porque son más plásticas, aprenden más rápido, carecen de prejuicios acumulados de experiencias anteriores, y actúan de forma más arriesgada y menos temerosa, entre otros.

Esta visión sesgada de la realidad de las personas de más edad es la que fundamenta el paradigma que ha justificado durante mucho tiempo el trato y las oportunidades facilitadas a quien podría considerarse emprendedor senior, y que mostramos en la figura siguiente.

 

 

Figura 2. Dos realidades socioeconómicas/dos paradigmas. Elaboración propia

Los profesores Rego, Vitória y Pina (2011) formulan y explican diez ideas acerca del estereotipo creado por la sociedad actual en el mundo productivo sobre los atributos asignados a las personas senior en el mundo del trabajo.

  • 1. Es mito o realidad las desventajas de ser mayor.
  • 2. Sentir no basta; es necesario decir.
  • 3. Atestados de minoridad.
  • 4. Los más viejos no quieren trabajar.
  • 5. Los más viejos tienen recelos ante los cambios.
  • 6. Los más viejos demuestran peor desempeño.
  • 7. Los costos laborales aumentan según la edad.
  • 8. No compensa formar a los de más edad.
  • 9. Los clientes prefieren a los jóvenes.

Es en el paradigma al que hacen referencia los autores anteriores, y que denominan actual , en el que nos hemos propuesto poner el acento, considerando la justicia social y la situación socioeconómica del momento para determinar que la idea de emprender en edades avanzadas contribuye a envejecer activamente de una manera plena y positiva, sin entrar en profundidad en el controvertido e inquietante concepto de envejecimiento activo que, creemos, se encuentra en evolución, en las circunstancias actuales.

Citamos sólo algunas referencias del pasado: Miguel Ángel pintó la Capilla Sixtina a los 59 años, Leonardo Da Vinci creó la máquina de volar cuando contaba con 40 años de edad, Eulogio Gómez Franqueira fundó COREN con 44 años, Henry Ford creó la Ford Motor Company con 40 años, Amancio Ortega creó Inditex con 49 años, Picasso pintó el Guernica a los 56 años, Eduardo Barreiros creó el grupo empresarial Barreiros Diesel, S.A. con 35 años, Rosalía Mera creó la Fundación Paideia con 44 años y abrió el Hotel Bulgari en Londres con 68 años, Coco Chanel abrió su primera casa de moda a la edad de 37 años...

De acuerdo con la figura siguiente, las ideas emprendedoras cristalizan en proyectos a partir de la socialización secundaria, cuando la personalidad está claramente definida y el sujeto se conoce a sí mismo, es conocido y reconocido por los otros.

Figura 4. Proceso de construcción de la personalidad emprendedora. Elaboración propia

Del análisis de la figura anterior, podemos determinar que aun estando el embrión de la conducta emprendedora en las edades más tempranas, es en las edades superiores a los 35 años, en las que podría darse un mayor éxito de la iniciativa, y resulta paradójico que sea en estas edades en las que menos atención se presta a las personas que desean emprender.

Si tenemos en cuenta los elementos que constituyen la personalidad en una perspectiva evolutiva, y la interacción de ésta con el entorno, resumimos en la figura 5 los posibles estadios que, pensamos, caracterizan internamente, la infancia, la adolescencia, la juventud y la edad adulta con respecto a la iniciativa emprendedora.

De interpretar la misma, concluimos que es en la madurez cuando la persona está en mejores condiciones para asumir riesgos, por ser en esta etapa en la que resultan más claras las ideas emprendedoras. Su puesta en marcha contribuye a redefinir el concepto de envejecimiento activo, ampliándolo y dándole mayor énfasis a los factores determinantes de carácter personal.

Figura 5. Estadios evolutivos que caracterizan la iniciativa emprendedora. Elaboración propia.

Según el Libro blanco de la iniciativa emprendedora en España (2010), las características de los emprendedores son:

  • Necesidad de logro: alcanzar metas significativas y desafiantes.
  • Independencia: ser sus propios jefes.
  • Locus de control interno: los resultados de los eventos están determinados por las propias acciones.
  • Propensión al riesgo: los emprendedores toman decisiones bajo incertidumbre, pero con altas probabilidades de ganar.
  • Autoconfianza: creencia en las propias habilidades.

De la comparación de esta propuesta con otras consultadas y la propia experiencia, consideramos que el emprendedor, con carácter general, comparte las siguientes características al margen de su edad, contexto y realidad particular, relacionadas sobre todo con competencias emocionales.

Si hacemos un recorrido por las biografías de personas que emprendieron su propio negocio en edades superiores a los 40 años, observamos las siguientes circunstancias comunes:

  • 1. Carencias en los niveles más bajos de las necesidades humanas, según la jerarquía propuesta en su pirámide por Maslow.
  • 2. Creatividad precoz en la generación de ideas y soluciones a diversos problemas.
  • 3. Coraje, constancia y tenacidad ante las experiencias adversas. Capacidad de reposición.
  • 4. Liderazgo y generación de confianza en propuestas y sucesivas tentativas.
  • 5. Motivación por el proceso y disfrute de las experiencias positivas y obstáculos por igual.
  • 6. Orientación hacia los resultados a largo plazo, como consecuencia de una visualización anticipada de la cima del proyecto ideado (paciencia y capacidad de esfuerzo y renuncias)
  • 7. Determinación y autoconfianza altas, basadas en una buena resiliencia, fortalecida con el transcurso del tiempo vivido y el trabajo realizado.

En la figura siguiente destacamos los factores que, en interacción, contribuyen a generar el patrón de un emprendedor senior, sin afirmar que dicho patrón sea único ni generalizable y, menos aún, atribuible de manera rígida a un determinado intervalo de edad, en consonancia con todo lo expuesto en los puntos anteriores.

Figura 7. Factores que contribuyen al desarrollo y la definición de un patrón de emprendedor senior. Elaboración propia

En la figura 8 podemos observar las condiciones más relevantes que, a nuestro juicio, determinan el perfil de un emprendedor mayor de 45 años, asentado en dos grandes bloques, a través de los cuales se ha producido el aprendizaje de competencias emocionales y técnicas:

  • Haber vivido, expresión que pretende incluir un balance de toda la experiencia acumulada, realizado por la propia persona con o sin ayuda, sabiendo diferenciar lo importante de lo accesorio en cada fase de crecimiento.
  • Haber trabajado hace referencia a las competencias manejadas, al conocimiento teórico, práctico y comportamental acumulado como consecuencia de diversas experiencias más o menos intensas de actividad en las que se haya tenido que entrenar por decisión propia o ajena el ejercicio continuado de generar soluciones.

De la integración y fusión de los dos bloques anteriores, se consolida un proceso de toma de conciencia del patrimonio inmaterial y unipersonal acumulado que, impulsado por un amplio abanico de emociones, moviliza las competencias que se necesitan para ejercer la decisión de emprender y cristaliza la idea para que pueda ser desarrollada.

Como consecuencia de haber vivido y haber trabajado, entendemos que el emprendedor senior puede hacer uso de las siguientes fortalezas:

  • Talento autónomo, forjado por la experiencia y maduración de ideas.
  • Ejercicio elevado de la toma de decisiones a través de diversas tentativas.
  • Adiestramiento precoz en el desarrollo de iniciativas.
  • Disfrute calibrado con los riesgos.
  • Proactividad e intuición marcadas y consolidadas.
  • Visión integrada de los ámbitos personal y laboral.
  • Resiliencia normalizada como respuesta a las experiencias vividas.

Discusión

Hemos tratado de establecer relaciones positivas entre la idea de emprender y el envejecimiento, más allá de las definiciones adoptadas para ambos conceptos y reflexionando acerca de las barreras que suponen las construcciones sociales de los términos relacionados con ambos. Tal es el caso de la edad.

Relacionadas con esta problemática, nos formulamos algunas preguntas que estimamos de interés para suscitar y provocar una investigación más profunda del tema:

  • ¿Tiene la persona que emprende, en edades superiores a los 45 años, cualidades especiales como consecuencia de la edad o del momento en el que toma la decisión de emprender?
  • ¿Son los recursos materiales o los personales el principal determinante de la iniciativa emprendedora, después de los 45 años?
  • ¿Ayuda o dificulta al emprendedor senior, en la toma de decisiones, poseer una amplia experiencia y haber madurado una idea durante largo tiempo?
  • ¿Debe una persona con más de 45 años abandonar ideas y proyectos como emprendedor como consecuencia de fracasos o éxitos anteriores o de la propia edad?
  • Considerando el dinamismo de los sistemas productivos y los avances rápidos de los mercados, ¿cuál es la experiencia acumulada válida para perfeccionar la iniciativa emprendedora, después de los 45 años?
  • ¿Debe el emprendedurismo generar respuestas para la subcategoría de emprendedor senior o ha de contribuir a eliminar el estereotipo?
  • ¿Qué otros determinantes configuran el patrón de emprendedor senior? ¿Es posible acotarlos y estudiarlos?
  • Hay diferencias significativas entre un emprendedor senior y otro joven como para considerar que se pueden constituir en colectivo diferenciado y ser más reconocido uno que otro con derechos y obligaciones regulados de forma independiente?
  • ¿Por qué los sistemas formativos y de asesoramiento y apoyo no contemplan, consideran y refuerzan las iniciativas empresariales de las personas de más edad?
  • ¿Pueden una sociedad como la nuestra y nuestro sistema productivo en crisis, no tener en cuenta al emprendedor senior y condenarlo al voluntarismo, al ocio y la pasividad?
  • ¿Qué competencias emocionales y técnicas maneja un emprendedor senior distintas de un emprendedor joven?

Conclusiones

  • Emprender es tentar repetidas veces en sucesivos ensayos, proyectos innovadores o no de promoción de empleo propio y/o generador de puestos para otros. El emprendedor senior es el más entrenado para obtener éxito. La sociedad actual deberá prestar más atención a su potencial, y la investigación, la política, la sociedad y la economía deben reforzar el talento de las personas mayores y rentabilizar su conocimiento, creando oportunidades de desarrollo de sus ideas en un ejercicio de igualdad de oportunidades y de inclusión, frente a la actual situación de segregación, invisibilidad y olvido, en coherencia con los principios que fundamentan la formación y reciclaje permanentes.
  • Conocer los factores que refuerzan o inhiben la actitud emprendedora contribuye a generar una educación intencional en torno a la construcción de un patrón emprendedor. Cuándo ha de tenerse en cuenta éste no debiera ser una limitación para los/las emprendedores/as de más edad. El reconocimiento social de éstos contribuiría a un mayor número de proyectos y al aprovechamiento de su talento y patrimonio inmaterial de conocimiento acumulado, todavía movilizable ?en términos de competencias? con alta rentabilidad socioeconómica.
  • No se considera emprendedor a aquella persona que ha impulsado sucesivas veces un proyecto empresarial, o ideas diferentes de manera sucesiva. Los sistemas actuales parecen atribuir esta denominación sólo a quienes promueven por primera vez, y ahí reside, a nuestro juicio, el error de no asignar recursos a quienes hemos convenido en llamar emprendedores/as senior, a parte de su invisibilidad y poca o ninguna atención.
  • El emprendedor senior carece de vinculación a movimientos asociativos, está poco organizado o nada como colectivo y, en consecuencia, no reivindica derechos desde la fortaleza sino que lo hace desde la individualidad, reforzando su situación oculta y sin reconocimiento, y aceptando con resignación su exclusión.
  • De la experiencia propia deducimos que el emprendedor senior puede obtener un mayor rendimiento de sus ideas compartiéndolas con otras personas emprendedoras de grupos jóvenes, combinando la experiencia acumulada y la energía del aspirante. Tal afirmación pretende contribuir al nuevo paradigma de no atribuir a las personas de más edad únicamente el ocio y el descanso como horizonte de actividad humana.
  • Es necesario eliminar las clasificaciones y categorías actuales y proyectar medidas, reconocimiento y oportunidades iguales a las personas que desean emprender,  con independencia de su edad, propiciando  el coemprendimiento para optimizar los recursos de la sociedad y el talento de las personas invertido en su desarrollo, en la perspectiva de eliminar estereotipos nocivos para los sistemas socioproductivos.
  • Si tenemos en cuenta la edad media de jubilación en nuestro contexto según la normativa vigente, al emprendedor senior le quedarían más o menos 20 años de vida activa, suficientes para generar riqueza para sí mismo, para su entorno y para otros/otras. Esto contribuiría, además, a su salud mental y a su longevidad congnitiva e intelectual. Teniendo en cuenta algunas aportaciones de Echeverría (1997), referidas a la inserción laboral de las personas jóvenes y haciendo una extrapolación de sus afirmaciones al caso de las personas emprendedoras senior, ignorar el emprendimiento de las personas mayores significa intervenir en su uso del tiempo, en su proyecto de vida, en su proyecto profesional y en su socialización. Con la invisibilidad se paraliza su proyecto vital y se excluye anticipadamente de la producción de ideas, bienes y servicios.
  • Es necesario invertir en sensibilizar y formar para un cambio cultural que contribuya a valorizar y reconocer al emprendedor senior, aportándole seguridad y prestigio con la intención de promover un aumento de iniciativas en los intervalos de edad definidos. Lo que estimamos, además, como factor saludable, frente a los efectos negativos de la exclusión anticipada del sistema productivo de las personas como consecuencia de jubilaciones anticipadas.
  • Emprender una acción es el fruto de un proceso evolutivo que requiere de múltiples tentativas antes de la toma de decisiones. Es en el laboratorio de ensayos de la vida donde reside la fuerza y el efecto del aprendizaje bien concebido, planificado y desarrollado. Quien más ha vivido, mejor comprende las interrelaciones entre hechos, sucesos, procesos, etc., y mayor riqueza ha acumulado para impulsar ideas y cristalizarlas, combinando competencias técnicas y emocionales en un único paquete de acción.
  • El concepto de emprendedor está estereotipado y responde, en función de la cultura, a diversas clasificaciones en categorías y subcategorías poco sostenibles y fundamentadas psicológicamente (competencias socioemocionales y sociopersonales) y económicamente (competencias técnicas y valores económicos y de relaciones laborales).
  • El concepto de emprendedor no puede hacer referencia únicamente a proyectar e impulsar una empresa o el empleo autónomo. Incluye, en todo caso, también a quienes evidencian iniciativas dentro de las organizaciones (intraemprendedores) y a quienes las muestran en cualquier ámbito de la sociedad (emprendedores sociales)
  • Apoyándonos en el actual paradigma los jóvenes aprenden, los adultos trabajan, los mayores descansan, reconocemos e invisibilizamos a parte de la población activa, dedicándole tiempo, atención y recursos desiguales. En la desigualdad a la que hacemos referencia, se evidencia el estereotipo de joven y senior , y se minusvalora y excluye al de más edad, desaprovechando su talento e iniciativa y haciendo patente esta forma de discriminación. Cualquier discriminación no sólo perjudica a quien la sufre, sino también a todo su entorno. Es, por tanto, un error desaprovechar las aportaciones del emprendedor senior.
  • El paradigma que proponemos frente al actual es el talento, la iniciativa y la capacidad de arriesgar no tienen edad. Es necesario saber cómo reconocerlos y reforzarlos, generando tantos patrones como personas muestren evidencias de poseer ambos o alguno de ellos. Este nuevo paradigma implica implementar políticas de gestión de la edad en las organizaciones de educación, formación y empleo.

Bibliografía

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