Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Julio 13

Zaragoza Activa

Zaragoza Activa o cómo hackear el sistema para crear un ecosistema emprendedor: El artículo presenta una particular visión de los emprendedores y su capacidad para transformar el mundo, la construcción de ecosistemas como estrategia espacial-relacional y la necesidad de impregnarlos de valores, superando la primacía de lo competitivo para promover lo colaborativo, y finalmente cómo se ha impulsado esto desde el proyecto Zaragoza Activa (La Azucarera).

Artículo realizado por:   Raúl Oliván Cortés,  Director de Zaragoza Activa.  www.raulolivan.com

Fue hace dieciséis años, aquel día que llegué tarde al instituto. Estaba bien avanzada una clase de Literatura española cuando entré en el aula interrumpiendo al profesor Ostáriz, que me preguntó con visible rostro de indignación:

-Sr. Oliván, ¿se puede saber qué horas de llegar son éstas?

A lo que yo contesté:

-Disculpe profesor, vengo de una manifestación en defensa de la educación pública.

Y mi respuesta tuvo una réplica que no olvidaré jamás.

-Disculpe usted entonces, pues la pregunta es otra: ¿se puede saber qué hace el resto de sus compañeros en clase y por qué no han ido a la manifestación?

Ese curso me cayeron dos o tres para septiembre, pero siempre he querido pensar que las cosas que suceden, incluso las que parecen errores o malas decisiones, tienen una razón de ser y en el futuro cobran todo el sentido.

Sólo me han dado tres consignas para escribir este artículo: debo hablar sobre aprender a emprender, puedo ser extenso "aviso a navegantes" y debo evitar el enfoque academicista y la consiguiente colección de citas para hacer hincapié en mi visión personal sobre el tema.

Emprendedores

La moda de los emprendedores y los gintonics

Muy probablemente estamos hablando de aprender a emprender porque la mayoría de nosotros no sabemos hacerlo, y es del todo seguro que nos hemos dado cuenta de esto ahora porque nunca hubo un momento en la historia en el que emprender fuera tan urgente y necesario.

Hace ya años que los estudios sobre las motivaciones y expectativas profesionales de los estudiantes españoles demuestran que carecen de ambiciones empresariales, pues la mayoría de ellos prefieren convertirse en empleados de una gran empresa, más concretamente de una caja de ahorros o en la Administración pública como funcionarios -como saben, dos sectores «muy pujantes» ahora mismo-.

Las razones de esta aversión a emprender son múltiples e intentaré resumirlas.

En primer lugar, hay que tener en cuenta el papel de la religión en la sociedad, muy concretamente en los países de influencia católica como España, donde la cultura de la propiedad o la nuclearización en torno a la familia han actuado como frenos naturales a la aventura emprendedora. Ser emprendedor es arriesgar la propiedad y, por ende, poner en jaque a la familia, un camino que pocos están dispuestos a tomar. Esta realidad se hace hoy mucho más patente todavía cuando la persona que quiere emprender es una mujer.

Otra razón de peso que se arrastra desde hace años es la pervivencia inconsciente de la división de clases -no es que hayamos superado la desigualdad entre pobres y ricos, todo lo contrario, pues sabemos que la distancia es hoy todavía mayor-, sino que demasiadas veces simplificamos el análisis y persistimos en la división de clase trabajadora vs empresarios, que no sólo resulta corta sino que es la causa de muchos de los males que hoy padece nuestra sociedad. Preguntar a los estudiantes de 20 ó 21 años si quieren ser «empresarios» es equivalente a preguntarles si quieren ser guardias civiles.

Finalmente, existe un conjunto de condiciones económicas y financieras, legislativas y administrativas, que hacen mucho más atractivo ser un empleado por cuenta ajena que por cuenta propia. Máxime si tenemos unos padres y unos amigos que nos invitan reiteradamente a comprar casa, formar una familia y comenzar a ahorrar para la jubilación. Son los mismos amigos que, si fracasas, dirán «¿adónde vas?» o, peor aún, «pobre iluso que pensaba hacerse rico», o directamente «le fue mal porque se debió de meter en algún lío raro».

Es la suma de esas dos Españas, la católica, conservadora y envidiosa, junto a la España de izquierdas más acomplejada las que hicieron durante años que emprender fuera una opción minoritaria.

Claro está que las cabezas visibles de la CEOE, desde el fallecido Cuevas al infame Díaz Ferrán, no han ayudado a desmitificar la imagen de una patronal privilegiada, heredera de las grandes familias que ya ostentaban el poder mucho antes de la Transición. «Lo que hay que hacer es trabajar más y cobrar menos» dijo meses antes de su detención Díaz Ferrán, entonces presidente de los empresarios españoles y hoy acusado de estafar más de 400 millones de euros a sus acreedores.

Llegados a este punto nos preguntamos si son tan necesarias las personas emprendedoras. La respuesta se mide en millones: cinco millones largos de españoles están en paro y la mitad de los jóvenes no encuentran un trabajo. ¿Sabían que en el mejor año económico en plena burbuja inmobiliaria, cuando fluía a espuertas el crédito, el país creó 700 000 empleos? Imaginen que por arte de magia recuperamos esa ola de nuevo. Con esos datos tardaríamos más de siete años en absorber el contingente de desempleados. Ahora imaginen que no sólo no estamos surfeando la ola sino que estamos siendo arrasados por un tsunami que no deja de destruir puestos de trabajo. Parece lógico pensar que, a este ritmo, hablar de una década perdida empieza a quedarse demasiado corto.

Con los grandes empleadores en claro retroceso: tejido industrial, entidades financieras y Administraciones públicas, a los que hay que sumar esa constelación de micropymes que resisten a duras penas la crisis de consumo y que son realmente las empresas que más trabajo generan, las alternativas son cada vez menores. ¡Ojo! Digo menores, no únicas, pues me resisto a aceptar el mantra de la Troika y el Gobierno de España: «Estamos haciendo lo único que podemos hacer».

Y aunque no es objeto de este artículo, no puedo pasar por alto recordar que hay al menos dos modelos confrontados para luchar contra esta situación. El primero, ganar competitividad por la vía de reducción de costes laborales, esto es, rebajar sueldos y abaratar despidos al tiempo que se eliminan los gastos «no esenciales» del Estado. El quid es dónde se ponen las líneas rojas. El otro modelo supone rearmar la relojería del sistema económico con mayor esfuerzo inversor, reto para el que aumentar las vías de ingresos es un asunto crucial y en el que el papel del Estado, lejos de retroceder, avanza sobre todo porque aunque el objetivo es común ?salir de ésta? este segundo modelo pretende no dejar a nadie atrás en el camino.

Más allá del dilema ideológico que representa tomar un camino u otro, lo cierto es que ambos tienen puntos débiles. La reforma laboral hasta la fecha sólo está consiguiendo destruir más empleo, generar incertidumbre y rebajar los sueldos dando como resultado una caída brutal del consumo. Mientras que el enfoque keynesiano, con mayor o menor énfasis socialdemócrata, se enfrenta al desafío de aumentar el gasto y, por tanto, el déficit en nuevos escenarios globales donde el control económico, monetario y financiero ya no son competencias del todo soberanas -eso por no mencionar que es complejo aumentar los ingresos en un contexto de recesión-. El reciente anuncio de la Reserva Federal, que mantendrá interés 0 hasta bajar el desempleo en Estados Unidos a un nivel aceptable, es un buen ejemplo de economía al servicio de las personas. Lo que asusta es que ellos hayan tomado las riendas del asunto porque el paro había superado el 6,5 % y nosotros en España apostemos por el primer modelo con una tasa que supera los 25 puntos.

Cualquiera que sea el modelo económico político de un país, lo único cierto es que, llegados a la situación actual, se precisan cientos de miles de personas que inicien una actividad económica que les autoemplee y, en el mejor de los casos, genere trabajo a otros varios cientos de miles más. ¿Sabían que cerca del 90 % del trabajo que se genera lo hacen las pymes?

Recuerdo cuando Lola Ranera, consejera del Ayuntamiento de Zaragoza, me encargó que redactará el plan director de Zaragoza Activa, la agencia municipal que dirijo hoy y que desarrolla proyectos de apoyo a personas emprendedoras, innovadoras y creativas. Fue en 2008, mientras la ciudad celebraba la fiesta de la EXPO y los datos nos encuadraban en pleno empleo. Yo llevaba varios años perdiendo muchas horas en el foro burbuja.info, donde una pléyade de apocalípticos y agoreros nos reuníamos virtualmente para convencernos no sólo de que en España había una burbuja inmobiliaria de dimensiones terroríficas, sino que cuando explotara arrastraría con ella toda la economía española. Quizá por este motivo yo estaba empeñado en generar nuevos proyectos públicos que rearmaran la economía y aportaran nuevos valores a la sociedad, mientras la mayoría de la agencias públicas se afanaban en construir proyectos faraónicos en medio de la orgía urbanística.

Así que si combinamos la necesidad urgente de nuevos empresarios en España con la mala imagen que tiene el empresariado entre los jóvenes, el cóctel nos da como resultado el eufemismo «emprendedor», que es sin duda alguna la palabra más de moda en los últimos cuatro años ?junto a los gintonics, claro?.

De algún modo hemos reinventado la palabra «emprendedor» para sustituir la gastada y malograda expresión «empresario» pero, ¿son acaso diferentes? Semánticamente, no mucho. ¿O queremos referirnos a cosas diferentes? Eso sí es probable. Yo, al menos sí, y es entonces cuando la cultura emprendedora se hace necesaria mucho más allá de la coyuntura económica que la ha puesto de moda.

Cambios

Emprender para cambiar el mundo

El diccionario dice que es emprendedor "quien afronta con resolución acciones difíciles", y con esa acepción nos deberíamos quedar. Yo soy partidario de hablar de emprendedores como todas aquellas personas que resuelven problemas. A menudo en los talleres de cogeneración de ideas, herramientas ágiles y de aceleración de negocios, comenzamos preguntando a los asistentes cuál es el objetivo de un emprendedor y los más valientes contestan sin tapujos: «Ganar dinero». No les falta razón; sin dinero y sostenibilidad no hay empresa posible. Pero la respuesta buena es «Resolver problemas a la gente», pues sólo resolviendo problemas y, por tanto, siendo útiles, serán capaces de cobrar por ello. Esta idea refuerza además una concepción del emprendedor más amplia que la de empresario incipiente, pues consideramos emprendedor a toda persona capaz de resolver problemas de forma viable.

De este modo, también es emprendedor el gerente de una oenegé que lidera nuevos proyectos de autofinanciación o la captación de fondos institucionales, o lo es también el trabajador de una gran entidad, pública o privada, que decide liderar iniciativas innovadoras que profundicen en mayor eficacia o eficiencia para su organización. Así, junto a la palabra «emprendedor» han surgido otros términos como emprendedores sociales, changemakers , innovadores sociales, intraemprendedores? que resultan sumamente interesantes para entender de lo que estamos hablando.

Recuerdo una historia que ilustra perfectamente esta concepción amplia del emprendimiento.

En la Amazonia brasileña la población está dispersa en un territorio equivalente a unas diez veces la extensión de la Península Ibérica. Cuando alguien empieza a toser debe desplazarse varios cientos de kilómetros por caminos tortuosos o a través de los ríos hasta el hospital más cercano. ¿Se deberían hacer más hospitales? No deberíamos renunciar a ello, pero un hospital ?y necesitarían cientos de ellos- es una inversión millonaria que choca con las posibilidades reales de los países de la zona. La solución a corto plazo fue tejer una malla de pequeños puntos de consulta, pero el problema es que este personal de atención primaria no lo formaban médicos y no distinguían una neumonía de un resfriado, así que seguíamos teniendo un problema grave a efectos de salud y de recursos económicos. Entonces un emprendedor detecta este problema y decide crear un aparato de auscultación que incorpora tecnología bluetooth, con el que personal (el equivalente a nuestros celadores) puede remitir vía internet esa exploración en tiempo real al hospital de referencia y así el médico decide si el paciente vuelve a su casa con un poco de paracetamol o, por el contrario, hay que trasladarlo de urgencia al hospital.

Con esta historia visualizamos el poder del emprendimiento para cambiar el mundo. Y sí, es cierto que son igualmente válidos y necesarios proyectos empresariales que carecen de un impacto social o ambiental tan evidente, pero ninguno de ellos será viable ni sostenible si no resuelven problemas de la gente.

Hablando de cambiar el mundo, me viene a la cabeza el día que les conté a mis amigos que abandonaba mi trabajo como activista social para terminar la carrera y opositar al Ayuntamiento.

-Te vas a meter en el sistema, Raúl, tú que llevas años combatiéndolo... No lo podemos creer.

Aquellas palabras me cayeron como un jarro de agua fría e intenté salir como pude porque no quería defraudar a mi gente. Les dije: -Cuando llegue la revolución social, alguien tiene que estar dentro del cuartel para abrir las puertas de los arsenales-. Lo cierto es que la idea no era mía sino que se la había escuchado a un veterano comunista, y es que el PCE realmente llegó a introducir cuadros en el Ejército durante el tardofranquismo para declinar la balanza cuando llegara la esperada revolución. A estos agentes dobles hoy bien los podríamos llamar hackers inside (piratas éticos que actúan desde dentro).

Pero, una vez que tenemos claro que necesitamos emprendedores tanto por la coyuntura económica como por la capacidad de transformación social que tienen, la pregunta que nos ocupa es dónde los encontramos o, más exactamente, cómo construimos emprendedores.

Ecosistemas

Ecosistemas emprendedores, ciudades creativas

La respuesta la hallamos identificando lo que tenían en común las ciudades y los territorios más dinámicos de la Tierra: desde Silicon Valley en California a Sanghai, pasando por lo que se está cocinando en el MIT Massachuset Instititute of Tecnology... ¡Ecosistemas! Entornos donde se crean inercias positivas para el emprendimiento, la innovación y la creatividad, donde conviven proyectos públicos -muy ligados a las universidades- con cientos de iniciativas particulares y grandes corporaciones privadas, generando comunidades interconectadas en un ambiente orientado a la acción.

Es cierto que en estos contextos se dieron los ingredientes necesarios para revolucionar los paradigmas empresariales: tienen las mejores universidades -no tiene mucho mérito, pues un estudiante puede llegar a pagar 20.000 ó 30.000 dólares por curso-, tienen una cultura emprendedora mucho más arraigada -no es casualidad que llamen venture capital (capital aventura) lo que aquí llamamos fondos de capital riesgo-, y tienen una legislación mucho más favorable en términos administrativos y fiscales.

Pero no deberíamos pensarnos tan alejados de ellos: tenemos grandes universidades públicas que, unidas a unas cuantas escuelas de negocios ya consolidadas, producen generaciones de jóvenes con grandísimo talento; disponemos de infraestructuras logísticas y de información a la altura de los mejores países del mundo y además tenemos la ventaja geoestratégica e idiomática de hallarnos en la intersección de la Unión Europea, Latinoamérica y los países del Mediterráneo.

¿Es posible replicar estos entornos en nuestras ciudades? Pienso que sí. No obstante, debemos saber exportar lo mejor de estos ecosistemas al tiempo que adaptamos e introducimos nuestros puntos fuertes o, en lenguaje del marketing, nuestras ventajas competitivas. ¿Cuáles?

Lo que nos debería distinguir y posicionar en la construcción de nuevos ecosistemas emprendedores, creativos e innovadores, es el espíritu colaborativo. Más allá de la deriva neoliberal del mundo, que impregna todo de superindividualismo y competencia feroz, en Europa y España no es una excepción porque todavía damos muchísimo valor a la solidaridad y la cooperación, que cristalizan en redes informales de ayuda.

Si fuéramos capaces de combinar esos entornos dinámicos orientados a la acción con una visión más comunitaria y social de la economía, no deberíamos tardar muchos años en recuperarnos de esta crisis terrible. En este punto han surgido discursos que conectan dichos puntos claves y que son decisivos a la hora de reconstruir los nuevos escenarios: la economía del bien común, que pretende valorizar la economía más allá de la lógica del beneficio monetario; la reconquista de los procomunes o los datos abiertos, que pretende poner al servicio de las personas los recursos que son de todos; las smart cities, que reconceptualizan la ciudad como un espacio dinámico eficiente, sostenible y participado; ciudades creativas, que empoderan la capacidad creativa de la población y vertebran su futuro pivotando en las industrias culturales -algo nada despreciable, pues es lo único que no nos pueden copiar los chinos y los indios, por ejemplo-.

Pero no nos engañemos, un ecosistema es un conjunto de personas interconectadas, y todos estos discursos deben ser el código del nuevo software . Pero la ciudad sigue y seguirá siendo un espacio físico, lo que nos lleva indefectiblemente a pensar en el hardware , en los puertos donde materializar, ordenar, multiplicar o almacenar todas esas conexiones.

La Azucarera

Zaragoza Activa. La Azucarera, un núcleo para el ecosistema

Cuando diseñamos el proyecto piloto de la Azucarera, una fábrica rehabilitada del siglo XIX de 4.000 metros cuadrados que acabaríamos por bautizar como Zaragoza Activa, pensamos que debería ser un espacio atractivo para el 80 % de jóvenes y jóvenes adultos que no participan en la mayoría de programas públicos porque no se ajustan a sus expectativas. Pensamos que debería tener una marca potente y visible que hiciera seductor el espacio y que debería emular lo mejor del marketing de las empresas privadas. Y pensamos que debería convertirse en el sitio de referencia para los emprendedores de la ciudad.

Hoy llevamos dos años y medio abiertos y recibimos una media de mil visitas diarias; hemos ayudado a nacer o despegar a más de cien empresas; contamos con 3 000 asociados en la Comunidad, participando en los programas de formación y networking que genera una media de treinta eventos mensuales... Un proyecto piloto que se ha convertido en buena práctica para la Unión Europea y que nos ha valido la selección del Ministerio de Industria por dos veces consecutivas como uno de los programas más innovadores en España. ¿Las claves?

Un espacio que permite itinerarios de transición

El modelo de Zaragoza Activa trabaja con el itinerario vital de los ciudadanos del siglo XXI. Contamos con la biblioteca para jóvenes Cubit, cuyos usuarios, atraídos por los fondos de cómics, videojuegos y películas, tienen una media de edad es de 22 años. La idea era que esos jóvenes perdieran el miedo a los formales y amurallados centros empresariales y que se fueran enganchando a los eventos que programamos, que actúan como motivación a la acción. Uno de esos 300 eventos anuales es el Countdown Game, una maratón de 24 horas en la que diez equipos deben prediseñar un videojuego. Una vez que hemos despertado su interés por la creatividad, la innovación y el emprendimiento, quizá den el salto a programas más duros como el No-Master para emprededores o incluso presenten su proyecto al Semillero de Ideas, cuyos usuarios tienen una media de edad de 26 años, donde serán incubados durante seis meses, recibiendo una formación práctica que pretende agilizar la transformación de una idea en un plan de negocios.

Otro de los servicios es Zona Empleo, que atiende personalmente a personas desempleadas y les propone un proyecto de búsqueda activa. ¿Por qué separar y estancar los programas de fomento empresarial de los programas de juventud y ocio o de los de empleo? Por último, Zaragoza Activa también tiene un espacio destinado al alojamiento de 17 empresas, donde de forma natural desembocan muchas de las iniciativas auspiciadas desde Zona Empleo o el Semillero de Ideas, y cuya media de edad se sitúa en los treinta años.

El círculo se completa cuando una parte importante de los eventos de formación y networking los lideran las mismas empresas que se han consolidado -o incluso ya se han emancipado- en Zaragoza Activa. Estamos construyendo una comunidad.

Una estrategia orientada a la acción y no a los servicios

La tentación de todo proyecto público es consolidar una batería de servicios que permita cumplir con el expediente, acomodarse a sus rígidas estructuras y profundizar en la eficiencia de los procesos basada en la repetición periódica y estable de sus proyectos.

En Zaragoza Activa no nos gusta ese modelo que suele tender a la inacción y la obsolescencia, más aún en un mundo tan vertiginoso y cambiante. Cambiamos la programación cada dos meses, profundizamos en lo que funciona y descartamos sin reparo lo que no. Una estrategia orientada a la acción nos permite surfear la ola mucho mejor que una orientada a los servicios.

Innovación en el ADN

Conectados con el punto anterior es preciso incorporar los procesos de innovación organizacionales como parte del ADN de los proyectos de nueva generación, que debería ser el ADN de todos los proyectos públicos en realidad. Siempre decimos que si dentro de cinco años Zaragoza Activa se parece a lo que es hoy, significará que hemos fracasado.

En esta línea, en 2011 tuvimos la oportunidad de gestionar un segundo espacio en la calle Las Armas, el epicentro del barrio más degradado de la ciudad, desde donde hemos impulsado un clúster urbano de economía creativa que llamamos Made in Zaragoza, que ya tiene adheridos 67 comercios creativos y dispone de una APP que geolocaliza sus espacios e invita a los turistas a visitarlos. También cuenta con una web donde 25 blogueros que ya estaban escribiendo sobre esa Zaragoza diferente, ahora escriben sobre lo que sucede en esos espacios con encanto y además, desde hace unos días, estamos trabajando en una beta para que Made in Zaragoza sea también una tienda de comercio electrónico cooperativo.

Otro de los proyectos que nos hace mucha ilusión es que vamos a transformar esa comunidad de 3 000 asociados en una red social hiperconectada. Se llamará Ecosistema y también está en fase beta. Teníamos los datos de 3 000 personas que se mueven y hacen cosas en la ciudad... ¿No son más útiles y poderosos si esas personas comparten los datos voluntariamente para conectarse y multiplicar las opciones de cooperación, que guardarlos celosamente?

Por citar tan sólo uno más, otro de los proyectos en el que estamos implicados es la generación de un espacio de cotrabajo colaborativo, donde la gente pagará los servicios con horas de trabajo a la comunidad. Partimos de asignar a cada coworker un sueldo teórico de 2 000 euros y de cobrarles 100 euros por nuestros servicios (el espacio, tener acceso a talleres y un servicio de mentoring ), y además les daremos la opción de pagar con trabajo en favor de la comunidad, aportando por ejemplo un 5 % de su jornada laboral. La era de vender con un PowerPoint se ha acabado, y ha llegado la hora de colaborar y transformar en negocios esas cooperaciones. ¿O es mejor tener parada toda esa fuerza de trabajo y bloquear a esta generación llena de talento y creatividad?

Las redes, el nuevo departamento de marketing

Hoy parece una obviedad hablar de la presencia en redes sociales, pero lo cierto es que en Zaragoza Activa fuimos pioneros en la comunicación pública en redes sociales. Sí conviene destacar que nosotros no hemos ocupado las redes para emular la comunicación unidireccional que ya se hacía en los mundos offline , sino que las usamos como el verdadero motor de marketing de la organización, el centro de las relaciones con nuestra comunidad, un espacio de participación y escucha activa ?como lo definiera en su día Raquel Povar, cofundadora de Progresa y responsable de esta estrategia que ha sido replicada por decenas de proyectos dentro y fuera de Aragón?.

Hablamos, conversamos, contamos, preguntamos, tomamos nota, debatimos... en la red y no nos da miedo porque cada día nos ha hecho más transparentes, más democráticos y, por ende, mucho más fuertes. Síguenos en Facebook (facebook.com/ZGZActiva) y Twitter (@ZGZActiva) y sabrás de qué hablamos.

Equipo, un comando de hackers

La última clave del incipiente éxito del proyecto que dirijo son las personas que forman parte de él. Los proyectos son las personas.

En 2005, tras dos años en mi primer destino en Participación Ciudadana, tomé una vez más una decisión equivocada al anunciar que me marchaba a otro puesto para buscar mayor libertad de acción (que no terminé de encontrar, por cierto). En ese tiempo habíamos conformado un equipo formidable de técnicos y pusimos en marcha grandes proyectos que aún hoy perduran y revolucionaron un poco la languidecida red de centros cívicos de la ciudad, pero para mí eso no era bastante, así que me despedí de mis compañeros y les dije: «Un día montaremos juntos un nuevo proyecto, y además lo tendremos fácil porque bastará con no repetir todos los errores que hemos cometido hasta ahora». Cinco años después cumplí mi promesa y les invité a unirse al barco de Zaragoza Activa, y hoy son el núcleo, desde mi punto de vista, del mejor equipo del Ayuntamiento.

Una de las cosas que más llama la atención es que ninguno de los miembros de mi equipo inicial era experto en gestión empresarial y yo mismo tampoco lo soy. Sin embargo, todos eran expertos en la gestión de proyectos y todos tenían un denominador común: compromiso, sensibilidad y cierta inclinación al activismo social.

Todo en la vida se puede aprender, y así ha sido gracias a un proceso voluntario de autoformación, pero la materia prima para el éxito de un proyecto así, más aún dentro del statu quo de la Administración Pública, es la voluntad de transformación social, y eso se tiene o no se tiene. Nos gusta decir que somos un comando de hackers actuando desde dentro del Ayuntamiento.

Rebelión hacker

Hasta aquí mi visión sobre los emprendedores y su capacidad para transformar el mundo; la construcción de ecosistemas como estrategia espacial-relacional y la necesidad de impregnarlos de valores, superando la primacía de lo competitivo para promover lo colaborativo; y finalmente cómo hemos impulsado esto desde el proyecto de Zaragoza Activa (La Azucarera) en estos dos años y medio.

Imaginen conmigo que esas cien empresas que hemos ayudado a crear, al cabo de los años, se convierten en mil y que van conformando una malla persistente de personas que generan negocio, empleo y oportunidades con gran impacto en la ciudad. Imaginen además que los emprendedores de este futuro urgente no son sólo la generación mejor preparada de la historia, sino también personas que crecieron y aprendieron en un contexto -el ecosistema- cuyos valores como la sostenibilidad, la solidaridad, la equidad y el espíritu colaborativo eran, como poco, igual de importantes que el beneficio monetario.

Hay que salir de la crisis económica sí, pero sería sumamente extraordinario hacerlo además mientras dejamos atrás la crisis de valores. Por ello les invito a sumarse a esta rebelión hacker en la que está todo por hacer.

Desde sus universidades y centros educativos de formación profesional, spin off o departamentos de investigación... generemos fuertes y cohesionados ecosistemas de emprendedores, innovadores y creativos, para que acaben liderando un nuevo mundo gobernado por los valores de progreso social.

Pueden rechazar la oferta y limitarse a dar la lección, que no es poco y condición sine qua non para todo lo demás, pero recuerden lo que les diría mi profesor Ostáriz.

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