Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Marzo 13

La empresa como agente formativo

La formación profesional dual: El papel de la empresa como agente formativo.

Artículo realizado por : Beatriz Zafra Caramé, Directora de Formación del Consejo Superior de Cámaras de Comercio.

La implicación de la empresa como agente formativo en el sistema de formación dual permite incrementar el atractivo, la eficacia y la eficiencia de la formación profesional, y aportar experiencia práctica real a los aprendices para su adaptación a los procesos productivos.

Introducción

Mucho se está hablando en los últimos tiempos de la formación dual. Su rasgo esencial es que se lleva a cabo de forma paralela en la empresa y en el centro formativo, de manera que la empresa aporta los conocimientos prácticos necesarios para el ejercicio de la actividad que corresponda, mientras que la escuela suministra la teoría necesaria para el aprendizaje.

El objetivo último consiste en obtener el máximo provecho de la formación impartida, a sabiendas de que el mejor modo de adquirirla es llevándose a cabo principalmente en el lugar de trabajo de la empresa. El hecho de que el aprendiz se forme bajo las mismas condiciones en que se ejerce la actividad laboral asegura la adquisición de la experiencia que únicamente se obtiene por el trabajo, y refuerza las cualidades del sujeto en cuanto a la adaptación al mismo.

Para las Cámaras de Comercio no es nuevo hablar de la necesidad de una vinculación estrecha entre la escuela y la empresa, porque desde la aprobación de la LOGSE -y con ella la aparición del módulo obligatorio de Formación en Centros de Trabajo (FCT) en todos los ciclos de Formación Profesional-, llevamos trabajando en este ámbito de la formación dentro de la empresa sobre todo formando a los tutores empresariales como piezas clave para que la formación ofrecida y el sistema sea de calidad. Y seguimos trabajando para que la empresa sea un verdadero agente formativo.

Situación

Situación laboral de los jóvenes

Con casi seis millones de parados, el desempleo es actualmente el principal problema de la sociedad española. La coyuntura económica, lejos de contribuir a generar empleo, está dificultando el acceso de las personas desempleadas al mercado laboral al tiempo que hace que el número de personas en esta situación aumente debido a la destrucción de puestos de trabajo. Y especialmente preocupante es el desempleo juvenil, habitualmente alto en España y que se ha agravado durante la crisis actual, alcanzando en los últimos tiempos una tasa superior al 55 % mientras que antes de la crisis, a finales de 2007, era del 17 %.

Las causas de este alto incremento del desempleo juvenil hay que buscarlas en deficiencias tanto del sistema educativo como del mercado de trabajo, así como en la relación entre ambos mundos.

Muy esquemáticamente, entre las deficiencias del sistema educativo nos encontramos con el alto abandono escolar temprano existente en España, lo que produce que los jóvenes no tengan los conocimientos considerados básicos para acceder al mercado de trabajo, y con la polarización de la educación, que provoca desajustes entre la oferta y la demanda de trabajo por nivel educativo al haber más titulados universitarios de los que el mercado puede absorber, lo que produce, además, subempleo.

Entre las deficiencias del mercado de trabajo destacan la temporalidad (que afecta al 85 % de los menores de 25 años ocupados), la gran importancia que los empleadores otorgan a la experiencia laboral a la hora de contratar y la insuficiente eficacia de las políticas activas de empleo (demostrable en el hecho de que la formación para desempleados no tenga en cuenta las necesidades de cualificación de las empresas concretas que pueden insertar).

De todo esto podríamos deducir que el nivel de educación y la experiencia laboral son determinantes para procurar el éxito de la transición del sistema educativo al mercado de trabajo.

Si a estas deficiencias añadimos que en España tradicionalmente el mundo educativo y empresarial se han dado la espalda, nos encontramos con que hace falta tomar medidas urgentes para procurar solucionar, o al menos paliar, la situación del desempleo juvenil. Por ello, se está trabajando en actuaciones que potencien la promoción del empleo de los jóvenes, el fomento de la estabilidad en el empleo y el mantenimiento del programa de recualificación profesional.

Solución

Solución: la formación dual

Ejemplo de ello es el contrato para la formación y el aprendizaje, y el establecimiento de las bases para la implantación progresiva de la formación dual en España.

Hay que indicar que, a nuestro entender, la fortaleza de estas acciones que persiguen la inserción de los jóvenes en el mundo laboral durante el periodo de formación necesariamente tiene que descansar en los siguientes puntos:

  • Cooperación estrecha entre el Estado, las empresas y los actores sociales.
  • Búsqueda de calidad en la cualificación, que implica la participación en el proceso de empresas idóneas y que la formación impartida se adapte a las necesidades empresariales.
  • Tutores cualificados tanto profesional como pedagógicamente (didáctica y metodología) que acompañen al aprendiz durante todo el proceso para alcanzar la cualificación.

Está claro que en España hay una falta de modelos sistemáticos que establezcan nexos de comunicación entre la escuela y la empresa a pesar del notable incremento en los últimos años de acciones puntuales en este sentido.

Además, la estructura productiva de España y el pequeño tamaño de sus empresas llevan a hacer esfuerzos añadidos para dedicar recursos a la formación dentro de la empresa. Hay que formar a los tutores, acompañarlos y evaluar el sistema. En los países de Europa en los que se desarrollan modelos de formación en alternancia entre la escuela y la empresa, es primordial el papel de las Cámaras de Comercio para conseguir el nexo de unión entre dos mundos tan distintos pero tan complementarios para obtener la cualificación.

Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que la formación dual o en alternancia se configura como una buena solución para el problema del desempleo, porque permite una mejor adecuación entre la oferta y la demanda empresarial y porque responde de manera eficaz al logro de la inserción de los jóvenes en el mercado de trabajo al ofrecerles a la vez una cualificación profesional y una experiencia laboral.

Ventajas

Ventajas de la formación dual

Para la economía en general, este sistema tiene la ventaja de que garantiza la conexión entre la formación profesional de los jóvenes y las necesidades del mercado de trabajo, lo que reduce el desempleo. Los jóvenes se cualifican en las profesiones demandadas por las empresas.

Para la empresa , parte activa en el proceso, tiene la ventaja de asegurar la mano de obra cualificada que pueda continuar trabajando en la empresa tras la finalización del periodo formativo. La formación dual reduce los costes de adaptación, incrementa la motivación y fidelidad a la empresa, impulsa la cualificación específica y mejora la productividad de los empleados, mientras que a medio plazo se reducen los costes de selección de personal. Y además, las empresas y los trabajadores, a través de las organizaciones empresariales y los sindicatos, influyen en los contenidos de cada profesión (determinando el nivel profesional que debe alcanzar cada aprendiz cuando termine su formación) y en la organización de la formación profesional.

En cuanto al aprendiz , una vez acabada la formación, además de obtener un certificado oficial, gozará de buenas perspectivas laborales ya que ha recibido una formación práctica orientada a las necesidades de conocimientos, destrezas y habilidades que tiene el mercado laboral, por lo que resulta muy fácil la inserción directa, rápida y exitosa.

El desarrollo de un sistema de formación dual supone que la acción formativa sobrepasa el ámbito de las instituciones escolares para adentrarse en otro escenario, la empresa, y por eso se hace necesario prestar atención a estas instituciones que, cada vez en mayor medida, van adquiriendo importancia como organizaciones formativas.

Empresa

La empresa como agente formativo

La empresa -pequeña o grande- siempre ha desarrollado un cierto papel formativo. Tradicionalmente, este papel se ha venido circunscribiendo a la asimilación de rutinas y técnicas preestablecidas y, sólo ocasionalmente, el papel formativo de la empresa ha llegado a la modificación de procesos o de técnicas de trabajo.

La dinámica del conocimiento y las nuevas técnicas organizativas tienden a reforzar el papel de la empresa como agente formativo, con independencia de que sus actuaciones tengan un carácter formal o que las integre en el propio proceso de producción. Solo así se garantiza la adecuación flexible de los recursos humanos a las exigencias tecnológicas y, por ende, las ganancias sostenidas de productividad que habrán de permitir el mantenimiento o la mejora de la posición competitiva de la empresa.

Pero el papel activo de la empresa frente a la formación no será del todo eficaz si no existe un talante igualmente activo de la mano de obra para aprovechar las oportunidades formativas que emergen del propio trabajo. Porque el trabajo es en sí mismo una fuente de cualificación. No en vano, la experiencia laboral es reconocida como activo formativo traducible a un bloque o crédito de un título o certificado profesional.

El trabajo -la experiencia- ha sido siempre una fuente de cualificación y, de hecho, en las actividades manuales ha jugado un papel casi exclusivo. Lo que ocurre ahora es que los conocimientos, igual que las habilidades y las actitudes que contribuyen a definir un determinado nivel de profesionalidad, evolucionan muy deprisa y por ello -entre otras cosas- en la mayor parte de los casos no se adquieren en la escuela sino en el trabajo. De ahí que se hable de la importancia de que cualquier empresa, grande o pequeña, se convierta en una organización que aprende y enseña, es decir, que asimila y transmite valores profesionales.

Pero, ¿cuál es el papel de la formación en un contexto cambiante y cada vez más exigente?: ¿ responder a unos requerimientos preestablecidos por el tejido productivo y debidamente incorporados a los programas de enseñanza?; ¿ anticiparse , además, a la demanda, a los requerimientos futuros?; ¿ser capaz de innovar ?

Difícilmente se podrá responder de manera definitiva a estos interrogantes, pero una mirada a lo que está ocurriendo en las empresas en el plano técnico y organizativo puede dar las pautas para superar los retos formativos en tres planos diferentes:

  • El cognitivo , donde la formación de base tiene un papel determinante.
  • El de las habilidades técnicas, muy ligado a la formación especializada.
  • El actitudinal o de las habilidades sociales (formación en valores).

Todo ello poniendo por delante una apuesta a favor de la formación dual que incida en el futuro del empleo y en sus características cambiantes. No se trata ya de responder, ni siquiera de anticiparse a lo que pueda venir, sino de educar y formar para adaptarse a los cambios y para innovar.

Y como resulta prácticamente imposible que la escuela cubra todas las necesidades de conocimientos que van demandando los sectores productivos porque su capacidad de reacción no puede ser lo suficientemente rápida, es necesaria la implicación de la empresa.

Con la formación dual, la empresa se convierte necesariamente en una organización que aprende y enseña sobre todo valores profesionales. Y es importante incluir elementos empresariales en el ámbito de nuestra formación, a la vez que se promueve el interés hacia la formación como una parte de las políticas y de la gestión de las empresas.

Dar tanta importancia a la formación que la empresa ofrece no quiere decir que la formación dual deba ser concebida como mera respuesta a las necesidades empresariales, sino más bien que debe tener un sentido anticipativo y bien cohesionado con el mercado de trabajo. Estamos tan convencidos de ello, que nos atreveríamos a declarar que formación y empleabilidad son las dos caras de una misma moneda. Educación y empleo van a ir de la mano. Una persona con la formación y las competencias adecuadas es empleable y, en tal medida, siempre va a encontrar un hueco en el mercado de trabajo.

Sin embargo, no debemos perder de vista la siguiente realidad: el sector productivo en España, compuesto en un 99,8 % por pequeñas y medianas empresas, aún tiene que convencerse de que el esfuerzo formativo es una inversión de futuro.

Proceso

El proceso de enseñanza en la empresa

El proceso de formación de un aprendiz en la empresa tiene unas intenciones y debe ser planificado, ejecutado, controlado y evaluado . No se trata de ser formado en el centro educativo y trabajar a la vez sin ninguna conexión entre las acciones en uno y otro ámbito.

El tutor de la empresa debe organizar y secuenciar este proceso de formación práctica, plantear un método para su consecución y unos procedimientos de evaluación.

Esta función de planificación, ejecución y seguimiento, que realiza habitualmente y con normalidad el profesorado en los centros educativos, entraña dificultad al desarrollarse en un entorno diferente, en la empresa, y con unos agentes «externos» al sistema educativo. Pero no tiene por qué variar sustancialmente. Después de todo, la empresa se rige por unas normas de eficacia programada en el tiempo que, de alguna manera, se pretende trasladar al programa de formación.

Por eso, para que la formación dual sea efectiva y cumpla con su misión, debe existir dentro de la empresa un programa formativo, es decir, un conjunto de actividades productivo-formativas ordenadas que ha de realizar el aprendiz con unos procedimientos de realización, seguimiento y evaluación.

Estas actividades productivo-formativas tienen una doble finalidad:

  • Estrictamente formativa, en cuanto que complementan la competencia profesional que el alumno está adquiriendo en el centro educativo y que desarrollan su capacidad de adaptación a un entorno productivo.
  • De evaluación y verificación, toda vez que reproducen situaciones que permiten al aprendiz demostrar la competencia profesional que le debe ser acreditada (no sólo la adquirida en el centro de trabajo, sino también la adquirida en el centro educativo).

En cualquier caso, el programa formativo está sometido a unos condicionantes , entre los que hay que destacar los siguientes:

  • La organización, los recursos y la naturaleza de los procesos productivos y de prestación de servicios de la empresa donde se desarrolla el programa.
  • Las capacidades terminales, resultados de aprendizaje, criterios de evaluación y, en general, los contenidos de cada título profesional o certificado de profesionalidad.
  • Las características del centro educativo, sobre todo de equipamiento, laboratorios, etc.
  • Las características de cada uno de los alumnos.

No se trata de hacer un plan formativo distinto para cada aprendiz sino de ser lo suficientemente flexible para permitir que todos lleguen a adquirir la competencia dependiendo de las características de los elementos implicados.

Evaluación

Pero esta formación debe ser evaluada. Hay que tener en cuenta que evaluar cualquier trabajo es siempre una tarea complicada y se complica más todavía si la evaluación gira sobre un proceso, como es el caso de la formación, en la que no solamente se trata de medir un resultado final de conocimientos o de realizaciones, sino también la actitud y predisposición para aprender y para resolver problemas más o menos imprevistos. No hay que olvidar que los aprendices van a tener sus principales retos en la adaptación a procesos tecnológicos cambiantes o, cuando menos, en la respuesta a incidencias de muy distinto signo que pueden presentarse en cualquier momento del ciclo productivo.

Por ello, para la evaluación dentro de la empresa, hay que seleccionar las actividades productivas que evidencian el logro de las capacidades que pueden ser más representativas y que forman parte del listado de actividades del programa formativo. Para cada actividad se define una batería de criterios observables y medibles, y de este modo se puede pedir al tutor de la empresa que verifique si esos criterios se han cumplido o no.

Se deduce que las actividades de evaluación son necesarias para aplicar los criterios de evaluación de la competencia. Se diferencian del resto en que son más representativas e indican más claramente que las demás el avance del aprendiz en la empresa, o evidencian la adquisición de las capacidades adquiridas en el centro educativo al ponerse el alumno en situación real de trabajo.

El tutor de empresa

Ya hemos comentado que en el proceso de formación dual el tutor de empresa es la figura clave y que de él depende en gran medida que se cumplan los niveles de calidad exigibles en un proceso de formación.

Por ello, desde las Cámaras de Comercio pensamos que deben recibir la formación necesaria para cumplir con sus principales cometidos, como son:

  • Conocer los objetivos finales del aprendizaje o el perfil competencial al que debe responder el aprendiz.
  • Programar y organizar la aportación de la empresa en el desarrollo competencial a lo largo de todo el periodo de aprendizaje, planificando las actividades que generen el mayor valor añadido para el aprendiz y para la empresa.
  • Facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • Realizar el seguimiento de la alternancia en la empresa.
  • Evaluar la adquisición de competencias del aprendiz.
  • Tutorizarle.

Para esta labor los tutores deben tener, además de la capacitación técnica, una capacitación pedagógica que les permita transmitir los conocimientos necesarios para alcanzar la cualificación propuesta.

Conclusión

Solo la correcta implicación de la empresa como agente formativo en el sistema de formación dual permitirá incrementar el atractivo, la eficacia y la eficiencia de la formación profesional, formar a profesionales adecuados para ocupaciones con problemas a medio y largo plazo de relevo generacional y de difícil cobertura, y aportar experiencia práctica real a los aprendices para su adaptación a los procesos productivos. En definitiva, adecuar los perfiles a las demandas del mercado de trabajo para reducir el paro juvenil.

La formación dual o en alternancia conoce múltiples formas que le dan una gran flexibilidad y le permite responder a los objetivos tanto de cualificación como de profesionalización.

Esto produciría dos efectos importantes para el país: por un lado el aumento de la empleabilidad de sus recursos humanos y, por otro, el aumento de la competitividad de las empresas, necesarios ambos para salir de un periodo de crisis como el que estamos viviendo.

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