Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Julio 10

Retos de la Universidad española

La construcción universitaria de este siglo en España solo puede concebirse, como en muchos otros aspectos, mirando hacia Europa. Los dos conceptos claves son la modernización y la internacionalización de nuestras universidades.

Artículo realizado por Juan José Moreno Navarro , Director General de Política Universitaria. Ministerio de Educación

Retos de la Universidad española ante la Convergencia Europea

Europa, a propuesta de España, ha aprobado una Agenda Europea de Modernización e Internacionalización que se basa en cuatro ejes: la reforma curricular, la reforma de la autonomía y la gobernanza de las universidades, la colaboración y alianza con la sociedad y el sector productivo, y la búsqueda de la excelencia .

 La Ruta de la Seda era una red de rutas comerciales entre Europa y lo que entonces constituía el nuevo mundo, básicamente Asia. Se extendía desde China hasta los reinos hispánicos de Europa pasando por Antioquía, en Siria, y Constantinopla. Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba en ella, la seda, cuya elaboración era un secreto que sólo los chinos conocían, aunque los europeos la tenían en gran prestigio. Es obvio que la seda no era el único bien con el que se comerciaba. Además de oro, plata, piedras preciosas, marfil, cristal o perfumes, la ruta transportaba conocimientos, saberes y la riqueza que proporciona el intercambio de culturas, pues un viajante podía, por ejemplo, cambiar de religión varias veces desde al catolicismo al budismo, pasando por el islamismo. Marco Polo, el primer explorador inteligente del que tenemos noticia, narró con maestría su viaje por la ruta, viaje que no solo fue físico, ya que el famoso Libro de las Maravillas del Mundo describe, amén de nuevos países, el propio crecimiento intelectual de Marco Polo.

La metáfora de la Ruta de la Seda nos va a servir para ilustrar y desgranar algunos de los retos y de los aciertos de la Universidad española en su convergencia con Europa.

La Universidad se ha distinguido en su historia por obtener logros similares: no solo contribuye a la formación de las personas, sino que ampara la cultura, la cohesión social, la interculturalidad y la generación y aplicación del conocimiento.

Afortunadamente estamos en unos momentos en los que se puede hablar de Educación y de Universidad mirando al futuro. La educación es un elemento nuclear del cambio de modelo de crecimiento económico en nuestro país, y en este sentido el Gobierno y el ministro de Educación están fuertemente comprometidos en liderar en España y en Europa la visión de la Educación como principal instrumento de articulación de dicho cambio y también como elemento de cohesión social.

Estamos ahora terminando nuestra etapa de presidencia de la Unión Europea. Desde el punto de vista de la Educación, ha sido una presidencia muy fructífera, marcada por colocarla en el centro de la estrategia EU 2020, que reemplaza la estrategia de Lisboa. Ésta ya ha sido una decisión del Consejo Europeo del mes de marzo. En el Consejo se subrayó que la Educación es central en Europa para el bienestar de los ciudadanos y su desarrollo personal, para una salida sostenible de la crisis y la garantía de una empleabilidad que responda a sus necesidades inmediatas y futuras. El Consejo de Ministros de Educación de la Unión Europea de mayo ha aprobado todas estas iniciativas. Además ha apoyado de forma mayoritaria la propuesta de la Presidencia de reducir el abandono escolar en Europa hasta el 10%, y de incrementar hasta el 40% los ciudadanos que finalicen estudios superiores.

El Gobierno ha enviado recientemente al Parlamento dos proyectos de ley: la Ley de Economía Sostenible, y la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, y en ambos casos, de una forma u otra, se enfatiza el papel central que la Universidad debe desempeñar en un modelo productivo sostenible como:

  • motor principal de la investigación, la transferencia de conocimiento, el desarrollo tecnológico y la innovación;
  • institución mayoritariamente formadora de las personas que han de pilotar principalmente el cambio de dicho modelo; e
  • institución que forma ciudadanos implicados con la sostenibilidad, la cultura y la cohesión social de nuestro país.

Volvamos por un instante a la «Ruta de la Seda», esa expresión algo mágica que evoca imágenes de caravanas de camellos, oasis y monjes misioneros vestidos de azafrán. La legendaria ruta por la que la seda viajó por el mundo antiguo puede considerarse una historia de éxito: está llena de conquistas militares, intercambios comerciales, exploraciones audaces, peregrinaciones religiosas, creaciones artísticas, diálogo entre culturas y peligrosas travesías a través de los desiertos, montañas y estepas que separan a China de Asia Central.

De forma similar, nos encontramos ante una Universidad española que, de forma global, es altamente satisfactoria. Ha recibido en el curso 2009-2010 alrededor de 1.390.000 alumnos, de los cuales 348.580 son de nuevo ingreso, lo que supone un incremento del 11,3% respecto al curso anterior. Este incremento prueba que la formación es un valor al alza en momentos complicados.

Según un estudio reciente, el paro entre desempleados con estudios universitarios es el que menos asciende. A mayor formación, mayores posibilidades de encontrar el primer empleo, de mantener por más tiempo el que se tiene, de ascender en la propia empresa o en otro puesto, de aumentar el salario paulatinamente y de reciclarse hacia nuevas profesiones de rápida demanda y alto perfil.

El sistema universitario español se compone de 77 universidades, 50 de ellas públicas, 5 de carácter no presencial y 2 que solo imparten programas especializados de posgrado. Se cuenta en total con 165 campus universitarios, edificios que ocupan 16 millones de metros cuadrados, 223 edificios históricos y culturales, y 35 parques científicos y tecnológicos con participación universitaria.

La tasa de población con estudios universitarios llega al 29%, mayor que toda la de la OCDE o Francia, por ejemplo, pero si nos ceñimos a la franja de edad menor de 35 años llega al 39%, mejor que la de la OCDE o la de Alemania.

Pero además la Universidad contribuye al 63% de la I+D privada de este país y a un tercio de la total, impulsando muchos de los proyectos de investigación e innovación actuales. España produce alrededor del 3% de las publicaciones del mundo (0,7% en 1981) y ocupa la posición novena en el ranking mundial SCIMAGO de publicaciones científicas. En torno al 70% de esas publicaciones proceden de las universidades.

Si hablamos de personal investigador, España ha experimentado un notable incremento del número de personas dedicadas a actividades de I+D+i: desde 1985 el incremento ha sido de un 171%, y sube hasta un 200% en el caso del sector universitario. Los más de 102.000 componentes del personal docente e investigador de las universidades representan en torno al 38% del total del personal dedicado a la I+D+i en España. Pero estos datos se pueden exponer de una forma más gráfica: el 99% de los científicos españoles de la historia están vivos y muchos de ellos trabajan en la Universidad.

Pero no se trata solo de ofrecer datos positivos o grandilocuentes sino de construir el futuro sobre ellos. Y al igual que la conexión de Europa con la Ruta de la Seda hizo que muchas de las poblaciones en su camino florecieran en su máximo esplendor, la construcción universitaria de este siglo en España solo puede concebirse, como en muchos otros aspectos, mirando hacia Europa.

Los dos conceptos claves son la modernización y la internacionalización de nuestras universidades. Europa, a propuesta de España, ya ha aprobado una Agenda Europea de Modernización e Internacionalización.

Esta agenda se basa en cuatro ejes:

  • la reforma curricular;
  • la reforma de la autonomía y la gobernanza de las universidades;
  • la colaboración y alianza con la sociedad y el sector productivo;
  • la búsqueda de la excelencia.

El primero se articula principalmente en torno a la consecución del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), el comúnmente conocido como Plan Bolonia.

Bolonia, como la Ruta de la Seda, potencia la apertura de conocimientos, la movilidad entre estudiantes y egresados pero, sobre todo, la apertura de las sociedades. Igual que Marco Polo nos dio a conocer elementos fundamentales de la cultura china, la islámica, la persa, etc. y que la Ruta de la Seda también promovió el flujo de la cultura occidental europea, el EEES va a ser la base del flujo constante, persistente y enriquecedor de los diferentes componentes que conforman la comunidad universitaria.

Es verdad que esto es parte de un movimiento estratégico lanzado hace tiempo, ya que se han logrado avances enormes gracias a los programas Erasmus, Leonardo, etc. Y a lo mejor no es casualidad que el traductor del Libro de las Maravillas del Mundo al latín fuera el fraile Francisco de Bolonia.

Se celebra este año el décimo aniversario de la declaración de Bolonia, en la cual los miembros de la Unión se propusieron crear para 2010-11 un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), al que se han sumado 46 países, con varios objetivos.

Por un lado, se pretende favorecer la movilidad de trabajadores en este espacio común equiparando los títulos de toda Europa. Por otro, a partir de la armonización de los sistemas educativos, se tendrá una idea clara de lo que significa ser titulado universitario europeo, lo que nos permitirá ser competitivos con las potencias emergentes o en el ámbito educativo como EE UU o Canadá.

El Espacio Europeo no tiene por objetivo, como se ha comentado desde algunos sectores, lograr sistemas de educación superior iguales. Se trata más bien de crear sistemas homologables, comparables y también compatibles. Lo que se pretende es establecer criterios y mecanismos para facilitar la adopción de un sistema comparable de titulaciones universitarias, el establecimiento de objetivos comunes y el refuerzo de todo aquello que se necesita para hacer las universidades europeas más atractivas y competitivas internacionalmente. Por ello, en particular, se proponen tres niveles de estudios uniformes: Grado, Máster y Doctorado.

En el momento de escribir este artículo, la adaptación estructural de las enseñanzas al Espacio Europeo de Educación Superior es un hecho de gran relevancia por los resultados alcanzados. En el curso 2009-2010 más del 47% de los estudiantes que han ingresado en el nivel universitario lo han hecho en una titulación adaptada al EEES. La práctica totalidad de los títulos están en tramitación para su verificación y poder ofertarse en el comienzo del curso 2010-2011. Las primeras impresiones y estudios indican que los estudiantes valoran aspectos positivos en la organización de las enseñanzas y los nuevos aspectos metodológicos que se proponen (como se puede comprobar consultando los informes de la European Student Association o Education International).

El mérito de este esfuerzo y de sus resultados lo han de compartir todos sus principales actores que han intervenido en el proceso. La acción principal ha sido por parte del Gobierno, que desde la anterior legislatura apostó claramente por el nuevo modelo. Los responsables y el personal del hoy Ministerio de Educación también se han comprometido fuertemente con el proceso, favoreciendo, pilotando y comunicando el proceso de convergencia de forma incansable así como poniendo en marcha la legislación necesaria. En este contexto, hay que destacar la indispensable colaboración y el buen hacer que ANECA y las agencias autonómicas han realizado, siendo fundamental su contribución en el proceso al mejorar progresivamente sus procedimientos y adaptarse a cada situación temporal.

También han actuado como aliados fundamentales elementos principales del Sistema Universitario español, como la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) o las asociaciones estudiantiles.

Lugar destacado también merecen las universidades que han trabajado denodadamente en todas las tareas asociadas a la implantación: diseño de títulos, aportaciones metodológicas, difusión en educación secundaria, adaptación de infraestructuras, etc. Aunque las labores de los equipos de gobierno han sido fundamentales, también hay que incluir aquí el esfuerzo de las personas, de los gestores, de los profesores, del personal de administración y servicios, pero también de los alumnos, que han participado en esta inmensa labor con entusiasmo y dedicación. Esta situación de complicidad con los rectores y las universidades (especialmente los equipos docentes implicados en el Espacio Europeo de Educación Superior) ha sido de gran ayuda en el proceso.

Estos aspectos y el resto de los ejes antes mencionados, así como toda la política universitaria del Gobierno, están plasmados en la que llamamos Estrategia Universidad 2015. Esta Estrategia U2015 es una apuesta del Gobierno, liderada por el Ministerio de Educación, para impulsar un mayor compromiso del Sistema Universitario español con los retos sociales y los cambios económicos de nuestra sociedad. Supone un gran pacto social entre universidades, Administraciones, agentes sociales y económicos, y la sociedad en general, para afrontar los retos de la globalización en el «horizonte de 2015». En resumen, propone un camino que ha de permitir avanzar hacia el futuro y afrontar con éxito el cambio y la modernización del sistema universitario español.

La Estrategia se articula en cuatro ámbitos, y cada uno de ellos se divide en líneas estratégicas.

El primer ámbito es el de las misiones , que engloba las líneas estratégicas de la formación, la investigación y la transferencia de conocimiento y tecnología, y la innovación como tercera misión de la Universidad.

El segundo ámbito es el de las personas . Aquí se incluyen los actores fundamentales:

  • Personal docente o investigador, con quien se está trabajando en el estatuto del PDI.
  • Personal de Administración y Servicios (PAS).
  • Estudiantes.

Destaco el hecho de que hemos añadido a los estudiantes. Los estudiantes, los actuales y los pasados, son imprescindibles en este proceso de modernización de las universidades y aportan la garantía a la protección de valores de la Universidad y de su vocación de servicio público. Su espíritu crítico, responsable y constructivo es un elemento clave para afianzar un futuro mejor para las universidades y el único límite es que no incluya la violencia.

De esta forma se ha presentado y se está tramitando el Estatuto de los Estudiantes, que contiene algunas novedades como:

  • La creación del Consejo del Estudiante Universitario como espacio fundamental para la articulación de las relaciones entre los distintos agentes del sistema.
  • La regulación de los derechos y deberes de los estudiantes universitarios.
  • La regulación del régimen de convivencia activa y corresponsabilidad universitaria.

También es importante resaltar aquí la nueva política de becas y ayudas al estudio que pretende renovar el actual marco social a la nueva estructura adaptada al EEES. El nuevo modelo, adaptado para grado y máster, que deberá desarrollarse evolutivamente en el transcurso del período 2010-2015, propondrá mejoras del actual sistema, superando la atomización de pequeñas ayudas de dudosa eficacia en los estudios universitarios. Se propone, por ello, desarrollar una nueva estructura de becas, más simple y compacta, que potencie de forma clara el concepto de beca-salario. El presupuesto de becas se ha ampliado considerablemente. Así lo demuestra el hecho de que esta convocatoria general de becas contempla un aumento del 3,5% de la cuantía destinada a ayudas al estudio para el próximo curso, es decir, una inversión total de 1.203 millones de euros para todos los cursos de la educación postobligatoria.

El tercer ámbito es el de capacidades , donde aparecen como líneas estratégicas elementos como:

  • El buen gobierno de las universidades y todas sus estructuras.
  • Financiación.
  • Internacionalización.
  • Los aspectos relativos a la evaluación (individual y colectiva).
  • Comunicación universitaria.

El último ámbito es el de la conexión con el entorno, centrado en nuestro programa de Campus de Excelencia Internacional.

En este punto quiero volver a nuestra metáfora. La Ruta de la Seda corre del este al oeste de Asia como un largo collar, enhebrando ciudades que brillan por su historia o su belleza natural. Evoca nombres míticos de novela como Samarcanda, Damasco y Edesa, y los puertos mediterráneos de Alejandría y Antioquía. Si ahora hablo de excelencia universitaria, otros nombres nos vienen a la cabeza: Oxford, La Sorbona, Cambridge, MIT, Yale?

En esta envidia sana de parecernos a ellas tiene sus raíces el programa Campus de Excelencia Internacional. Desde la Secretaría General de Universidades lo consideramos una pieza clave en esta estrategia de modernización de la Universidad. Su objetivo es promover los campus universitarios españoles globalmente más competitivos entre los de más prestigio y referencia internacional, ayudar a todo el sistema universitario español a mejorar la calidad de su oferta y a promover la eficiencia y eficacia docentes e investigadoras mediante la concentración de objetivos y esfuerzos, la especialización y la promoción de agregaciones estratégicas con instituciones, centros de investigación y transferencia y empresas.

Es importante distinguir entre la calidad en las universidades, objetivo que debe alcanzar a todas ellas y que resulta fundamental en la política del Gobierno y de las comunidades autónomas, responsables de su financiación; y la excelencia internacional, que es el nivel de competencia que sólo se puede alcanzar con un plan ambicioso de futuro. Ambos: calidad y excelencia, son objetivos y, yo diría, ya que logros.

El programa se articula en torno a tres ejes:

  • Mejora docente y adaptación al EEES, incluyendo la ubicación y la colaboración de centros de FP en los campus universitarios.
  • Mejora en la investigación, transferencia e innovación.
  • Mejora en la sostenibilidad, dimensión social e implicación con su territorio.

El programa ha conseguido de inmediato el reconocimiento internacional por su diseño y la calidad y transparencia de su gestión, atrayendo el interés de Gobiernos, organismos internacionales como la OCDE y revistas internacionales que lo identifican como una buena práctica para impulsar la modernización e internacionalización del sistema universitario español. El Ministerio de Educación y la Secretaría General de Universidades están convencidos de que en muy pocos años se verán con claridad los frutos de la iniciativa en el conjunto de la Universidad española y no solamente en aquellas que hayan obtenido la distinción de campus.

Marco Polo trajo a Europa muchas innovaciones desde la Ruta de la Seda: la brújula, el papel moneda, la pólvora, los espaguetis o los botones. De igual forma, esperamos que esta etapa de las universidades traiga al país enormes beneficios y una colaboración decisiva en el cambio de modelo productivo.

El poeta andaluz Carlos Beyón escribió: «El futuro influye más en el presente que el pasado». Creo firmemente que el futuro de las universidades españolas es esperanzador y que van a multiplicar las aportaciones a este país. Y en un presente con ese objetivo trabajamos.

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