Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Julio 08

La necesidad de la orientación

Por Núñez , Miembro colaborador - Grupo CIFO

La orientación para el trabajo tiene que ser un instrumento que ayude a los jóvenes a adaptarse a las condiciones actuales del mercado de trabajo.

La dificultad se encuentra cuando desde la misma sociedad los modelos que se están dando sobre estas condiciones no son reales y se ajustan a la vida de los jóvenes. Las expectativas personales, la falta de información sobre la coyuntura económica y sobre cómo iniciar itinerarios profesionales, chocan con el concepto de trabajo que se ha ido transmitiendo a los largo de décadas. En este punto, familia, centros educativos, agentes sociales y económicos tienen que permitir poner en marcha programas que puedan ayudar a reajustar esta desinformación y a la vez ayudar a los jóvenes a tomar decisiones.

La necesidad de la orientación desde la perspectiva del concepto del trabajo

En estos momentos la sociedad de la información hace que tengamos un acceso fácil y rápido a diferentes redes de información, pero cuando hablamos desde la práctica, y pensando en términos de orientación para el trabajo, observamos que hay mucho camino que recorrer. Hoy en día muchas personas entran y salen del mercado de trabajo, pero no tienen acceso a estas redes, bien porque no disponen de recursos, bien porque no saben cómo gestionar correctamente toda la información.

La orientación vista desde la perspectiva de la inserción al mundo del trabajo, y concretamente cuando se debe poner en marcha a través de programas específicos como los que se destinan a los colectivos con dificultades de inserción laboral (jóvenes, mayores de 45 años, personas paradas de larga duración, mujeres que se reincorporan al mercado laboral, inmigrantes...), se tiene que definir en claves muy personalizadas.

Todas estas personas parten en estos procesos de búsqueda de empleo con un objetivo claro y común: tienen la necesidad de trabajar, y a todas las mueven intereses diferentes.

Pero es importante reflexionar sobre este punto en concreto: el concepto de trabajo. Podemos decir que ha sufrido importantes transformaciones e interpretaciones provocadas por la propia evolución del trabajo y las crisis económicas y sociales acaecidas en la historia de la Humanidad. Estas interpretaciones han estado muy ligadas a otras circunstancias que predeterminaban su evolución (educación, política, filosofía, religión, valores...), así como la misma masa laboral que, ante la necesidad de emplearse para subsistir, dio una connotación diferente al concepto de trabajo.

De la Garza (1999: 16-17) expone cuatro tesis que podrían explicar las dificultades con las que se presenta el entorno del trabajo:

  • 1. Decadencia de la industria en relación con los servicios y cambio de las ocupaciones con crecimiento relativo, teniendo presentes la cualificación y la población que las puede desarrollar. Por otro lado, la extensión de los empleos atípicos y precarios en relación con la eventualidad del propio mercado, así como la existencia de niveles altos de desempleo en toda Europa. La causa se busca en la revolución tecnológica y la decadencia de la clase obrera típica que se organizaba en los sindicatos.
  • 2. El fin del trabajo leído bajo un enfoque sociológico invita a pensar en él como el fin de su centralidad en todas las relaciones sociales como conformación de identidades colectivas. Esta centralidad se ve sustituida en parte por la sociedad de consumo, que proporciona elementos de satisfacción que compensan la pérdida de centralidad. De la Garza comenta: «La sociedad postmoderna sería la fragmentación de los mundos de vida, del yo, de la cultura, de las identidades, el vivir en el presente, de la ausencia de sujetos hegemónicos o discursos y proyectos globales».
  • 3. La pérdida de importancia del trabajo está relacionada con la función generadora de valor ya no son personas quienes especulan, son capitales anónimos.
  • 4. La crisis del trabajo es la causa de un problema sin resolver por parte de los responsables políticos. El Estado promulga el neoliberalismo y la empresa introduce la reestructuración de su actividad productiva de manera que la centralidad de la lucha se da entre mercados y no entre las personas que forman la masa obrera.

La dificultad aparece cuando se tienen que presentar estas claves a los colectivos definidos anteriormente. Si centramos el discurso en la orientación para el trabajo con jóvenes que tienen que iniciar procesos de transición escuela-trabajo o bien con jóvenes que no saben cómo iniciar su itinerario profesional, es imprescindible hacerlos reflexionar en su día a día, cómo interpretan y asimilan el concepto de trabajo, con todas las características que, actualmente, el mercado de trabajo exige. Si además tenemos en cuenta lo que nos dice Sanchís (en Santana, 2001), el sistema educativo ofrece una insuficiente socialización para el trabajo subordinado, la cosa se complica más cuando nos dirigimos a los adolescentes como futura población activa. Ellos tienen que digerir grandes dosis de información que desde la misma institución educativa tampoco están en situación de ofrecer, pues a veces no conocen la realidad del mercado de trabajo y del territorio en el que se encuentran. A lo sumo ofrecen información sobre los recursos de la zona en los cuales pueden conseguir esta información.

Cuando los servicios de orientación laboral ponen en marcha programas que pueden paliar esta situación, volvemos a encontrar nuevos obstáculos. La dificultad se origina cuando todo este flujo de información hace que se creen unos intereses que responden a modelos utópicos de trabajo, estilos de vida, y expectativas difíciles de conseguir. A merced de todo ello, la información que los jóvenes van integrando sobre el trabajo y el mercado laboral está muchas veces sesgada. A esto tampoco ayudan los modelos que los medios de comunicación divulgan (Santana, E 2001:110), pues influyen de tal manera en los jóvenes que el concepto de trabajo con toda su complejidad resulta difícil de asimilar, y más en la etapa del desarrollo personal a la que nos estamos dirigiendo.

  • Rifkin (1999: 43) destaca: «(...) Los publicistas empleaban cualquier medio a su alcance y cualquier oportunidad posible para denigrar los productos -caseros-. (...) Los jóvenes eran objeto de atención especial. (...) El historiador Harry Braverman captó el espíritu comercial del momento al afirmar que ?la fuente del estatus ya no es la capacidad para crear cosas sino la posibilidad de adquirirlas (...)».

Es necesario vigilar lo que está pasando, y resulta útil pensar que el trabajo y el valor que se le da son aprendizajes básicos que desde la escuela se debe ir adquiriendo. Los adolescentes han de integrarlo como la base de la mayoría de sus tareas, y entender que éste, al mismo tiempo en un futuro, será el centro de muchas de las relaciones que establecerán en su entorno social de camino hacia la vida adulta (Marhuenda, 1994).

La centralidad del trabajo ayuda a madurar en su desarrollo al adolescente, y gracias a ello podrá entender las diferentes formas que este concepto irá adquiriendo, el cual la educación tiene que ir reforzando y, si puede ser, entendiendo el trabajo como obra y vínculo social (Méda, 1998: 143). Es necesario que asuman que no solo se debe ocupar el tiempo con un trabajo asalariado, sino con otro tipo de trabajo que tienda a enriquecer como persona, no considerándolo como el único protagonista de su vida. La finalidad de la educación sería intentar ofrecer los recursos para que la persona que vive en sociedad intente reducir el peso del trabajo en ella y conseguir nuevas fuentes de satisfacción que integren actividades en plena autonomía y cooperación, alejadas del modelo tradicional del trabajo. Esto exige un compromiso de participación colectiva y social, y en estos momentos tampoco se está educado para poder asumirlo.

  • Como corresponsable en la educación de los futuros trabajadores, entiendo que la sociedad tiene un papel importante, y sería bueno no olvidar las palabras de Rotty en Sennett (2000: 122) en todo el discurso desarrollado: «(...) No puedo imaginar una cultura que socializara a su juventud de una manera que la hiciera dudar continuamente de su propio proceso de socialización».

Si en el trabajo se encuentra una parte del proceso donde se desarrollan el vínculo social y la madurez de la persona, se tienen que dejar muy claros los objetivos, modelos y conocimientos que culturalmente iremos transmitiendo en relación con el entorno de trabajo. No podemos entrar en contradicción, y menos defendernos, ante la duda en cuestiones que afectan a la asimilación del concepto de trabajo.

Pero, volviendo a la idea inicial, es necesario enmarcar el discurso de manera que podamos entender el contenido del concepto de trabajo para analizarlo desde diferentes perspectivas.

  • Si la lectura se realiza desde un marco económico: «Uno de los factores de producción que comprende los diversos tipos de acciones que los individuos realizan para adaptar la naturaleza a fin de satisfacer sus necesidades (...). Tanto en la producción como en la distribución de bienes se precisa del trabajo. Hay clases de trabajo que son capaces de satisfacer directa e inmediatamente las necesidades humanas, sin que antes hayan sido creados los objetos materiales. El trabajo ligado a la distribución de productos y las actividades que sirven para satisfacer las necesidades humanas no crean objetos materiales. Por ello, a este tipo de trabajo se le denomina: trabajo no productivo, distinguiendo del trabajo productivo, que es el que crea objetos. Al primero se le denomina, en muchos casos, servicio. Sobre la productividad del trabajo los economistas han formulado diversidad de juicios. Los fisiócratas afirman que solamente el trabajo agrícola era el que obtenía el producto neto».

Smith solo consideraba productivo el trabajo que aumentaba la masa de bienes materiales. J. B. Say consideraba trabajos productivos todos los productores de utilidad. Marx y la escuela marxista establecen que sólo el trabajo es productivo y que únicamente puede considerarse productores a los trabajadores manuales e intelectuales. La teoría moderna tiende a afirmar que todo trabajo es productivo si es creador de utilidad (Méda, D. 1998). Así, podemos interpretar que en las sociedades industrializadas los conceptos de productividad y trabajo van adoptando un nuevo enfoque.

  • «Se produce cada vez más haciendo uso de cada vez menos mano de obra» (Méda, 1998: 15).

El desajuste de la clase trabajadora (mano de obra) a esta nueva productividad está provocado por los nuevos mecanismos de revolución tecnológica en la era de la industrialización. Es un desajuste social que responde a los ritmos y los cánones que la evolución va marcando en la sociedad desde un punto de vista económico.

Por lo tanto, así se justifican las cotas de desempleo de la población que ilustran esta idea, y no son coyunturales sino estructurales; son tan importantes, que actualmente están consideradas no solo como un problema político y económico sino como un mal social.

  • Rifkin (1999: 24) reflexiona sobre lo dicho de la siguiente manera: «(...) Su proceso lógico nos lleva, en la actualidad, a unos hasta ahora desconocidos niveles de desempleo tecnológicos, a una disminución precipitada del poder adquisitivo de los consumidores y, finalmente, nos sitúa frente al espectro de una depresión mundial de magnitudes y duración incalculables (...)».

Al hilo de lo expuesto, la evolución del trabajo, la productividad... en el nuevo milenio no se paran a pensar en estos factores. Los Estados diseñan actuaciones con el objetivo de disminuir la dureza de la realidad. Ella puede explicar que la transformación del trabajo y el mercado laboral están cargados de características que definen dinámicamente su conceptualización. Estamos hablando de nuevas orientaciones políticas, diferentes organizaciones económicas que sobrepasan el ámbito nacional (globalización), nuevas estructuras empresariales que asumen conceptos en su propia gestión como: incorporación y desarrollo de nuevas tecnologías, gestión del conocimiento y del tiempo, inteligencia emocional, flexibilidad, etc. en relación con los recursos humanos, la producción y el capital.

Pero volvamos al hecho de trabajar, en el que hay implicadas muchas connotaciones que de ahora en adelante se van a ir desgranando.

  • Así, Méda transforma esta idea y define el empleo como: «(...) la manifestación concreta de la genérica actividad humana denominada "trabajo", resulta esencial (...) trata de relativizar e incluso criticar las diversas formas que hasta estos momentos ha ido adoptando el trabajo. (...) lo realmente importante es preservar el trabajo: actividad fundamental del ser humano» (1998:17).

En tanto que es la actividad que ayuda a la autorrealización y se convierte en el centro y fundamento del vínculo social, el trabajo vendría a ser la esencia y la condición que define al ser humano.

Locke habla de la idea de trabajo como manifestación de libertad (Méda op. cit.). El hombre podrá negociar con su talento, como fuerza de trabajo, y es el trabajo en sociedad lo que le permitirá vivirlo en plena autonomía individual. El hombre vende su talento a cambio de un trabajo asalariado, apareciendo como una capacidad que dispone la persona libremente.

  • En este intercambio el hombre tenderá a la búsqueda y conservación del trabajo invirtiendo todo su esfuerzo para no enfrentarse a sí mismo y a la sociedad como una persona excluida en un contexto que lo desafía. Sennett dice: «(...) que un fracaso repentino es la experiencia que hace que las personas reconozcan que a largo plazo no son autosuficientes (...)».

Pero, una vez que se obtiene, se mima el trabajo, pues supone un elemento básico de integración social en la comunidad, debiéndose entender que así puede llegar el equilibrio personal, pero hace falta saber que el equilibrio social no es fruto de la sociabilidad, sino de la combinación autorregulada de los intercambios (Méda, 1998:162) que en el trabajo se producen.

El problema se encuentra en las relaciones y las formas en las que se ha ido gestionando el trabajo, unido a su escasez, consecuencia de la transformación y la segmentación del mercado, que demanda a las personas la asunción de nuevos riesgos, una adaptación rápida a no se sabe bien qué y al mismo tiempo que integren todo ello en un nuevo valor del trabajo.

Por otro lado, la mala estrategia definida para conseguir un buen reparto del trabajo demuestra que el Estado no está velando por los intereses de sus trabajadores, sino por los intereses de su economía, difundiendo una nueva ética del trabajo en lugar de proporcionar empleo a todos para conseguir los mínimos niveles de bienestar. Un ejemplo de ello es el nuevo Decreto Ley del 24 de mayo, en el que nuestro actual Gobierno propone una nueva reforma del sistema de protección por desempleo.

A tenor de lo literal, se puede decir que en la actualidad existen dos sistemas que ponen orden en estas relaciones (Durán, A. en Santana, 2001:42):

  • 1. Sistema explícito de reglas, que hace referencia a la regulación del trabajo asalariado codificando derechos y obligaciones de sus empleados.
  • 2. Sistema implícito de reglas, que hace referencia al ámbito de las relaciones privadas, resistente a la codificación y al cambio.

Esta situación se magnifica cuando aún se entiende el trabajo como una negociación entre una contribución personal/profesional y una retribución sobre el trabajo realizado. Esta relación da como resultado una contraprestación que se materializa en un salario. Desde un punto de vista económico, el Estado refuerza esta idea promulgando que la individualización mejora la productividad, a lo que el trabajador se suma consciente o inconscientemente, pretendiendo el fin lucrativo que gana en esta transacción. Él mismo se motiva y no hace falta que la economía vaya lanzando otros elementos a este nuevo valor.

Se busca el trabajo más por cuenta ajena, ya que proporciona niveles de estabilidad personal, con más garantía que el de trabajo por cuenta propia, entre otras cosas porque hay poco espíritu de iniciativa en los jóvenes y en la población en general.

  • «(...) en el moderno mercado de trabajo la gente necesita trabajar para otro (...)» (Sennett 2000: 148)

La idea de autorrealización personal, tan extendida hace unas décadas en la actual interpretación del concepto de trabajo, se traduce de diferente manera y no tiene los espacios como los que hace tiempo pretendía. Se busca como meta, y la realidad solo se encarga de que se mantenga en el estatus de objetivo a conseguir. Pues la empresa ya se encarga de gestionar otros valores y relaciones en torno a él.

  • «(...) Una visión positiva de los límites personales y la dependencia propia podría parecer más el dominio de la ética religiosa que de la economía política. (...) la vergüenza de la dependencia tiene una consecuencia práctica, pues erosiona la confianza y el compromiso mutuos (...) la falta de estos vínculos sociales amenaza el funcionamiento de cualquier empresa colectiva. (...) los vínculos de confianza se ponen a prueba cuando las cosas van mal y la necesidad de ayuda se vuelve aguda». (Sennett, 2000)

Por ello es importante analizar qué se puede aportar a la empresa no solo como trabajador sino como persona, como autodisciplina y creación de sí mismo (Sennett, op. cit.) para no caer en la sumisión y el desequilibrio, y así poder realmente autorrealizarse.

La tendencia es conseguir que en esta relación el empleo deje de ser el intercambio de un sueldo por el esfuerzo, para que se vea como el medio mediante el cual se puede adquirir formación, protección y bienestar social. Ortiz y Miró (1999: 21) destacan:

  • «(...) que hay que alejarse de la idea de la instrumentalidad del trabajo como preeminencia del trabajo asalariado como fuente de ingresos que no como preeminencia ética de la actividad (...)».

Como eslogan o como finalidad se puede decir que es interesante, pero lo que se debe exigir, además, a los agentes económicos y sociales en esta reorientación de la relación laboral, es que luchen por las mejoras de las condiciones en las cuales se está realizando el trabajo, para que deje de ser pura utopía y adquiera más la interpretación de una nueva acepción del valor del trabajo.

En estas tesituras los jóvenes se van encontrando obstáculos cuando pretenden iniciar su proceso de búsqueda de empleo, o bien, tal como se ha dicho, su carrera profesional.

El argumento de tener una formación para labrarse un futuro no funciona, no sirve a ningun orientador, ya que la respuesta es recurrente «para qué si después tendré que ir a trabajar a una fábrica o bien como camarero».

Cabe destacar que, al igual que en la educación en general, los modelos que se afianzan en las familias de cara al inicio de una carrera profesional (entiéndase ésta como la elección de unos estudios, la búsqueda de un trabajo o bien la combinación de las dos situaciones), predeterminan las condiciones, los recursos y las necesidades que pondrán en marcha los jóvenes en estos procesos. Por este motivo, familia, escuela y agentes sociales y económicos tienen que trabajar de manera conjunta.

Es necesario que, desde el principio, en los mismos institutos de educación secundaria, pensando que habrá jóvenes que decidirán incorporarse al mercado de trabajo, se informe sobre la coyuntura económica y las características del mercado de trabajo de allí donde decidan iniciar la búsqueda de empleo.

Dado que no tienen este tipo de información y desconocen los mecanismos que definen estas características así como las relaciones que se establecen, en este momento la orientación para el trabajo ha de dar respuesta a estos grandes interrogantes.

La orientación laboral ha de poder ayudar a planificar itinerarios profesionales y, a la vez, buscar un empleo. Los objetivos a conseguir son:

  • Ayudar a tomar decisiones.
  • Ayudar a definir intereses profesionales para definir un itinerario formativo y/o laboral.
  • Ayudar a conocer qué competencias de carácter transversal son necesarias para encontrar un empleo.
  • Ayudar a conocer las condiciones del mercado de trabajo.
  • Ayudar a conocer la estructura socioeconómica del territorio donde se pretende iniciar la búsqueda de un empleo.

La sociedad actual hace que nos enfrentemos todavía a más dificultades ya que el colectivo de jóvenes hoy día es muy heterogéneo: inmigrantes, jóvenes con necesidades educativas, víctimas del fracaso escolar, jóvenes que han sufrido violencia doméstica.

Cuando los encontramos al inicio es necesario definir qué itinerario profesional planificar, y es necesario poner en marcha programas de orientación laboral que den soporte a los jóvenes en la definición de itinerarios profesionales.

Estos programas pueden ser diseñados de manera conjunta entre instituciones educativas, Administraciones públicas (locales o supramunicipales), de manera que la orientación profesional, si se trabaja al inicio de cualquier etapa de transición, y al inicio de cualquier acción formativa o proceso de búsqueda de empleo, hará que el joven pueda tomar decisiones de forma más efectiva.

Cabe destacar que este tipo de actuaciones ya se están llevando a cabo desde diferentes territorios donde ya existe una necesidad importante de intervenir de acuerdo con la líneas estratégicas que marcan las diferentes instituciones supramunicipales.

Por estos motivos la Generalitat de Catalunya, a través de Acord estratègic per a la internacionalització, la qualitat de l´ocupació i la competitivitat de l´economia catalana (Barcelona, 16 de Febrer de 2005), afirma que ha conseguido un 80% de los objetivos fijados. Teniendo en cuenta que también desarrolló el Plan General para la Ocupación, y que durante 2007 a 2010 la Generalitat de Catalunya pretende impulsar con los agentes sociales el II Plan General de la Formación Profesional, observamos que hay una inquietud muy explícita para poner en marcha actuaciones que ayuden en definitiva a integrar la formación y el trabajo, siendo la orientación el instrumento que permita conseguir esa cohesión.

Bibliografía

  • DE LA GARZA, E. (1999): «Epistemología de los modelos de producción» en Los retos teóricos de los estudios del trabajo hacia el siglo XXI, Buenos Aires, CLACSO.
  • MARHUENDA, F. (1994): Estudio y trabajo: la alternancia en la formación profesional. Tesis doctoral. Universidad de Valencia. Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación.
  • MÉDA, D. (1998): El trabajo. Un valor en peligro de extinción. Barcelona: Gedisa.
  • ORTÍZ, D. y MIRÓ, I. (1999): Treball, valors i canvi. Les ruptures en la precarietat. Secretaria General de Joventut. Barcelona: Aportacions;11.
  • RIFKIN, J. (1994): Fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era. Barcelona: Piados.
  • SANTANA VEGA, LIDIA E. (coord) (2001): Trabajo, educación y cultura. Un enfoque interdisciplinar. Madrid: Pirámide.
  • SENNET, R. (1998): La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Anagrama.
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