Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Julio 07

Otros papeles a desarrollar por el formador en las organizaciones

Por Jiménez González , Grupo CIFO, Universitat Rovira i Virgili

Dada la complejidad de las organizaciones, el papel del formador se hace a la vez mucho más complejo. Por ello tiene la necesidad de desarrollar otros roles y competencias además de los asociados a su perfil profesional. En esta aportación ofrecemos una muestra de estos roles y competencias, y entendemos que su desarrollo por parte del formador puede ayudar al asentamiento de su nueva cultural profesional.

Otros papeles a desarrollar por el formador en las organizaciones

Introducción

Afirmar que vivimos en sociedades muy complejas o que el mundo está sufriendo la mayor ola de transformaciones sociales de la historia o decir que todo lo anterior está provocando sensación de estados de crisis continua, se ha convertido en vocabulario cotidiano, en tópico común y compartido en cualquier análisis o informe actual que en la sociedad en general o un ámbito específico de ella se haga. En todo este entramado, las organizaciones formativas han de hacer frente a todo este desafío y, en cualquier caso, quienes más sufrirán el impacto de estas transformaciones serán los profesionales de la formación.

En general, favorecer la mejora de la actuación del formador y propiciar su desarrollo profesional desde parámetros de calidad, supone ayudar a los formadores a identificar vías que realcen sus destrezas profesionales, dejando constancia que ni visiones únicas ni simples pueden ser válidas para establecer puntos de apoyo en la formación inicial del docente, en el perfeccionamiento profesional o para transformar la práctica formativa.

Centrándonos en los requerimientos del proceso que estructura la profesionalidad del formador, se debería tender al fortalecimiento de aspectos personales, como la actitud, el clima, las relaciones, el diálogo, la participación, la comunicación, la colaboración o la creación de culturas profesionales y de organización, y a:

  • 1. la mejora de la acción, la gestión y la investigación de los formadores. Estamos hablando, por tanto, de una apuesta a largo plazo o, si se prefiere, de un proceso amplio, diverso y orientado a metas en buena parte remotas;
  • 2. el cambio de la práctica y también de los conocimientos, creencias y actitudes de los formadores, considerados tanto desde la vertiente profesional como personal;
  • 3. integrar en este desarrollo no solo a los formadores, sino también a organizaciones, instituciones, etc.

Además de...

Además de..., otros papeles, otros roles, otras competencias

La necesidad de implicar a los recursos humanos de las organizaciones en procesos de formación es ineludible. Desde una perspectiva organizativa, sus recursos humanos se deben comprometer con la formación. El papel de los formadores en este sentido es fundamental porque a través de la formación potencian e impulsan la mejora institucional.

Sin embargo, lo anterior puede no completarse si el formador no añade a su acción otros papeles, otros roles, otras competencias a las que ya tiene asociadas en su perfil profesional. Y, en este sentido, la eficaz labor del formador pasa por considerar su incidencia en la motivación del personal, a través de formas de feed-back más efectivas, potenciando sistemas de comunicación horizontales u otorgando mayor autonomía a la planificación y el desarrollo de la formación.

La animación en la planificación y el desarrollo de la formación, la potenciación de la investigación y de los valores culturales propios de las organizaciones, el establecimiento de mejoras organización-entorno, la mejora de la toma de decisiones y la solución de conflictos, exigen actitudes competentes y competencias adecuadas.

En definitiva, todo lo que hemos ido diciendo solo se podrá conseguir si el perfil profesional del formador en las organizaciones se configura hacia el desarrollo de una serie de roles y competencias que consideramos fundamentales.

Entendemos por roles el comportamiento que cabe esperar de una persona de acuerdo con el estatus de su puesto o cargo. En función de esto, consideramos que los roles del formador en su acción son:

  • 1. Rol experto. Ha de aportar conocimientos expertos para la identificación de las condiciones de éxito de la formación en cualquiera de sus fases.
  • 2. Rol técnico. Supone desarrollar en una organización concreta habilidades sistemáticas de diagnóstico, planificación, programación, ejecución, coordinación, evaluación y realimentación.
  • 3. Rol negociador. Es un mediador interno.
  • 4. Gestor de anomalías. El formador debe monitorizar la formación y proveer el soporte y los recursos necesarios. Esto supone adelantarse a las anomalías o trabajar en ellas.

Consideramos las competencias como las características subyacentes a las personas que están causalmente con un criterio de referencia de actuación de éxito. En función de esto, el formador en las organizaciones debe estar orientado hacia: (Descargar tabla PDF)

 Competencias

Competencias de los formadores en las organizaciones

La profesionalización del formador es fundamental para salir del impasse en el que nos encontramos. La profesionalización del formador es una actitud emprendedora de desarrollo personal, de autoformación permanente, de capacidad de operar en un marco colectivo de forma cooperativa y competitiva a la vez. La profesionalidad puede cristalizar en una cultura grupal y en una deontología profesional como marco de valores compartidos con los que se actúa en la concurrencia social. La diversificación de tareas, la corresponsabilización, la mejora de los ambientes de trabajo, la autonomía, el espíritu de equipo y cierto reconocimiento socio-institucional podrían servir de elementos de apoyo a esta dinámica y para el asentamiento de una nueva cultura profesional del formador.

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