La enseñanza virtual aporta unas ventajas que pueden justificar su rápida expansión: la posibilidad de utilizar materiales multimedia, la fácil actualización de los contenidos, la interactividad, el acceso al curso desde cualquier lugar y en cualquier momento, la existencia de un feed-back de información inmediato, de manera que el profesor conoce si el alumno responde al método y alcanza los objetivos fijados inicialmente.
Pero, dadas sus características, merece un trato no más diferenciado que otras modalidades de formación, pero que nos obliga a analizar y revisar continuamente para preservar su calidad y conseguir así los propósitos formativos requeridos.
La formación on-line está rodeada de una serie de mitos entre los que destacamos dos:
1) Con la formación on-line se consigue un aprendizaje más rápido. No hay un solo estudio que demuestre que el aprendizaje sea más rápido si se emplea la formación on-line que cualquier otro método o combinación de métodos.
2) Con la formación on-line se consigue un aprendizaje más efectivo y fácil de retener. La retención de un aprendizaje está ligada a la motivación del alumno, la necesidad que perciba de aprender para aplicarlo en su vida laboral, la calidad pedagógica y humana del profesor y la adecuación de materiales de aprendizaje, método de enseñanza, etcétera. No hay que olvidar que:
- Lo importante es el contenido. La herramienta utilizada para dar formación a través de Internet no forma, sólo transmite y no es la que crea el contenido.
- La formación tiene destinatarios que esperan calidad. Efectivamente, no hay que caer en el error de tratar de reproducir en la Red una clase tradicional, sino aprovechar las opciones que brinda la enseñanza virtual para utilizar herramientas que favorecen el aprendizaje y son difíciles de utilizar en la clase tradicional, como es el caso de la adaptación de los contenidos a los estilos de aprendizaje de los alumnos, de manera que se obtenga una mayor calidad en la enseñanza.
Sin entrar en otros detalles, queremos destacar, en nuestro caso, una serie de cuestiones que deben resolverse en los procesos de formación basados en las TIC, en las que todo gestor o responsable de formación debe entrar a reflexionar para garantizar el éxito de la formación:
- a) Los recursos y la infraestructura tecnológica deben acomodarse a las características de los participantes y a las necesidades del curso. Los medios no han de prevalecer sobre las requerimientos didácticos, del mismo modo que hay que evitar centrarse excesivamente en el uso de plataformas con excesivas herramientas, pues obligan a una temporalización extra en las acciones de formación para formar a los usuarios (módulos de iniciación al campus).
- b) No existe una metodología de enseñanza mejor que otra, pero sí una más adecuada al contexto, contenido, objetivos y destinatarios. La inclusión de las TIC en los procesos formativos nos ha brindado (u obligado) la oportunidad de buscar nuevas alternativas y estrategias didácticas en las aulas, enriqueciendo la docencia de mayor acceso a la información, de una comunicación más personalizada y de oportunidades de aprendizaje más individualizadas. Se trata, pues, de brindar la oportunidad de poner en juego una mayor selección de estrategias que potencien tanto el trabajo autónomo como el colaborativo.
- c) Unido a lo anterior, la comunicación no se centrará solo en la capacidad de relación formador-alumno. Hay que garantizar mecanismos de interacción con el contenido, con el resto de compañeros y, si es necesario, con otros contextos educativos que proporcionen una mayor fluidez y relación con situaciones reales de aprendizaje. El contenido debe huir de lo informativo: enseñar no es sólo divulgar. El error más común es confiar en las estructuras de aprendizaje y en la capacidad de los discentes, los cuales necesitan de una red inicial donde acomodar lo que van adquiriendo. Sigue siendo habitual el uso de textos que dejan de lado las posibilidades de conceptualización y creación de esquemas básicos de aprendizaje.
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d)
La función de los profesores suele ir precisada, en la mayoría de las ocasiones, por la estructura organizativa que refleja el diseño y el desarrollo de un curso. Cuando se trata de un solo docente, este gestiona su modelo de formación, pero no ocurre así en acciones de formación que demandan de un mayor número de enseñantes. En un primer modelo existe la figura de un coordinador (gestor) alrededor del cual podemos encontrar los docentes del curso, que son quienes diseñan los contenidos; posteriormente, puede haber o no técnico encargado de adaptar este material a formato electrónico y para el control del entorno de formación; un coordinador de tutores. En este último caso destaca la definición de una figura diferente entre gestor o coordinador, docente y tutor.
Pero es más normal encontrarse ante una segunda estructura, donde se define un coordinador principal, concurrido por un coordinador de contenido, quien recibe el material de los docentes en función del tema a tratar para ser adaptado a formato hipermedia; un coordinador académico, que solventa dudas sobre cualquier aspecto del curso, como un enlace de apoyo para los alumnos; y un técnico informático, encargado de los aspectos relacionados con la tecnología en sí misma. En este caso, los docentes se encuentran fuera del organigrama, son contratados para una acción puntual (instruir), en tanto que no dejan de ser referentes máximos de la enseñanza, pero en muchos casos se evaden de la globalidad de ese curso, pues elaboran actividades sin conocer el trabajo del resto de compañeros. Este problema de agrava cuando se manifiesta la ausencia de tutores telemáticos que ejerzan la función de guías del proceso de enseñanza-aprendizaje u orientadores para el alumno.
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e) El 'sentido' del curso. Los participantes en cursos basados en las TIC necesitan un apoyo al inicio del curso mayor que el de otras modalidades de formación. Requieren de una buena planificación, de la acomodación de una seria de recursos a sus necesidades; pero aun más de un saber estar. Sus ansias, dudas, titubeos, encrespamientos son mayores; necesitan una orientación superior y encontrar rápidamente el 'sentido' a lo que están iniciando. Este síndrome se acrecienta cuando no están inmersos en procesos de aprendizaje colaborativo.
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f) En este apartado respondería al tipo de estrategias centradas en el seguimiento del progreso del alumno, mostrando especial atención a alumnos con problemas o retrasos en la temporalización del curso. Recoge, al mismo tiempo, estrategias de coordinación con los tutores u otros profesores para lograr criterios homogéneos. Aunque la responsabilidad del gestor es básicamente de coordinación, deberá también ayudar al alumno y redirigirle hacia aquellos servicios de apoyo técnico, administrativo, etc.
Estas son algunas reflexiones a sumar en la gestión de la formación basada en las TIC, que se integran en otras como la preparación, organización y planificación de la formación. No pueden quedar detalles al margen de su funcionamiento y pretensiones; el organigrama o estructura organizativa (tutores, profesores, coordinadores, director, apoyo técnico, apoyo administrativo, etc.); la metodología básica del curso; la organización de los bloques de contenido (temas, módulos, unidades, etc.); la agenda o temporalización: recursos disponibles (biblioteca virtual, bolsa de trabajo, herramientas de comunicación, etc.). Todo ello significa dejar de pensar que nos movemos en un nuevo contexto de formación donde los medios adquieren una importancia que puede llegar a condicionar el hacer de la formación.