En una Comunicación recientemente adoptada, la Comisión subraya la necesidad de dar más eficacia y equidad a los sistemas europeos de educación y formación a fin de que puedan lograr la calidad necesaria para contribuir a reforzar el crecimiento, el empleo y la cohesión social. El propósito de lograr una mayor eficacia y rentabilidad es uno de los principales motores del proceso de modernización de la educación y formación en los Estados miembros. Si bien es obvio que la eficacia es indispensable para el éxito de los sistemas, la Comisión argumenta que esta eficacia no debe ir en detrimento de la equidad, y propone a los Estados miembros cuatro ámbitos de actuación principales.
Un elemento central de la estrategia de Lisboa, encaminada a reforzar el empleo y el crecimiento, es invertir más y mejor en el capital humano . La Comisión llega a la conclusión de que las políticas de educación y formación deben contribuir a mejorar los conocimientos, las competencias y las aptitudes de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos, y de la sociedad en conjunto. Estas políticas deberían incrementar la eficacia, haciendo que suba el nivel medio de aptitudes de la población, y reducir la desigualdad, mejorando las oportunidades de quienes más lo necesitan y rebajando las disparidades entre los ciudadanos mejor y peor cualificados. Pero estos objetivos no se excluyen recíprocamente . Lograr una alta calidad no implica necesariamente sacrificar la equidad de las oportunidades, el acceso, el trato y los beneficios para los ciudadanos europeos. La Comunicación hace hincapié en tres puntos principales: Los Estados miembros deberían aumentar su inversión en enseñanza preescolar; evitar el dirigir a los alumnos a distintas "ramas" educativas a una edad demasiado temprana. Finalmente, y contrariamente a lo que suele creerse, los sistemas "libres" de enseñanza superior, de financiación exclusivamente estatal, no garantizan la igualdad de acceso y participación.
A la hora de tomar decisiones sobre sus prioridades de inversión, los Estados miembros deben comprender ante todo qué es lo que sucede en sus propios sistemas de educación y formación; éste es un principio básico de la definición de políticas basada en los hechos reales. Dado que los beneficios de la inversión en educación y formación tardan cierto tiempo en notarse, es preciso disponer de una infraestructura estadística capaz de recabar los datos pertinentes, y de mecanismos para evaluar los progresos y medir los logros. La Comisión Europea se compromete a ayudar a los Estados miembros a mejorar el diseño y el funcionamiento de sus políticas de educación y formación facilitando el intercambio de información, datos y prácticas idóneas mediante el aprendizaje mutuo y la revisión por pares. En este trabajo, la eficacia y la equidad constituyen un tema prioritario; la UE pondrá especial énfasis en la creación de una cultura de la evaluación y en los intercambios de buenas prácticas en torno a los aspectos tratados en la Comunicación.
http://ec.europa.eu/education/policies/2010/back_gen_en.html