Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

03

Julio 06

Formación en un contexto de cambio

Por Morales Lozano , Profesor Titular Universidad de Sevilla

Formación e información para el empleo en un contexto de cambio

Introducción

El estudio y análisis de los procesos formativos ligados a la inserción y desarrollo profesional viene constituyendo un objetivo cada más relevante en el campo de la investigación educativa, y especialmente en cuanto a su caracterización didáctica y sus peculiaridades organizativas. Y no es menos cierto en un momento como el actual, donde recientemente se firmo un tercer acuerdo nacional de formación continua, o se encuentra en fase de estudio y desarrollo el sistema nacional de acreditación y certificación de cualificaciones, e incluso vivimos inmersos en una reforma de las enseñanzas (particularmente profesionales) y de revisión de la "calidad" general del sistema educativo.

En esta ocasión queremos aproximarnos a algunos aspectos de los procesos de formación ligados al desarrollo profesional. Para ello contextualizaremos los procesos de formación ligados al mundo del trabajo (formación inicial, ocupacional y continua) (Bermejo y Morales, 2000) e intentaremos esbozar nuevas oportunidades, a través de modelos flexibles y la incorporación de las nuevas tecnologías, para responder a los retos actuales de los procesos de formación y desarrollo profesional.

Desarrollo profesional 

Formación, inserción y desarrollo profesional.

Nuestra sociedad es una sociedad en acelerado y continuo proceso de cambio. Las nuevas tecnologías se encuentran inmersas en todos los ámbitos de nuestra vida. A unos nos solucionan problemas técnicos, nos posibilitan procesos hasta ahora duros y pesados, nos acercan a realidades asombrosas..., pero a otros los avances que se producen con la incorporación de las nuevas tecnologías a los procesos productivos, les produce inquietud, temor..., por las transformaciones que éstas ejercen en el mundo del trabajo: la imposibilidad de acceder a un puesto de trabajo (lo cual parece complicarse bajo la combinación de ausencia de cualificación profesional y una situación económica como la presente), o lo que puede ser aún peor, la perdida del puesto de trabajo (Morales, 2002).

Ante esta situación se pone de manifiesto la consideración y análisis de los procesos formativos. Se recurre a la crítica y a la demanda de soluciones eficaces desde el sistema educativo. Pero, ¿es éste el culpable de dicha situación?, ¿puede el sistema educativo responder de forma eficaz a esos continuos y acelerados cambios que vive nuestra sociedad?

Las relaciones entre los sistemas productivos y los sistemas educativos forman parte de las preocupaciones sociales desde la década de los sesenta (cobrando un especial auge como consecuencia del desarrollo de la Teoría del Capital Humano). Y esta preocupación ha sido durante tiempo uno de los ejes en las reformas de los sistemas educativos: la búsqueda de convergencia entre el desarrollo del sistema productivo y la oferta educativa. Pero, ¿cual es esa realidad a la que debe responder o con la que debe sintonizar el sistema formativo? Nos estamos refiriendo a esa sociedad caracterizada por los rápidos y continuos cambios técnicos, organizativos, económicos, sociales...

Hablar de la incorporación de las nuevas tecnologías al mundo laboral nos lleva a hablar de la necesidad de adquirir nuevos conocimientos, nuevas cualificaciones. Las nuevas tecnologías y sus efectos hacen posible el surgimiento de nuevos perfiles profesionales, y el sistema educativo (y especialmente la enseñanza técnico-profesional) no debe estar ajeno a ello. También es cierto que la modernización de esa estructura productiva está condicionada por los recursos humanos. Es decir, sus conocimientos, aptitudes, habilidades y su preparación de base para reciclarse en función de las nuevas demandas son claves para poder progresar. En esta línea también hemos de reconocer, que no sólo las innovaciones tecnológicas se sitúan en el origen de las exigencias formativas, otros elementos como la necesidad de adaptar la organización del trabajo a una producción cualitativa diversificada, a un mercado de productos más diferenciados, es otro de los factores con repercusiones considerables para los sistemas de enseñanza y formación.

En definitiva nos encontramos con un contexto socioeconómico incierto que plantea unas demandas, o más bien desafíos, al sistema educativo. Un contexto caracterizado por la rapidez y continuidad en los cambios, tanto técnicos, como en las organizaciones, como en..., y además, unos cambios cuya evolución nos es difícil precisar. Estamos, pues, en una sociedad, como se ha intentado dibujar, caracterizada por el continuo, acelerado e impreciso cambio. Una realidad que viene a poner de manifiesto la imprecisión de los contenidos profesionales de un futuro próximo, la relativa estabilidad de los presentes, etc., es decir, una realidad que nos viene a plantear una necesidad creciente, variada y continua de formación.

Y ante esta realidad, ¿qué papel deben jugar los procesos formativos?, ¿han de servir a las exigencias de los procesos productivos?, ¿debe ser el sistema productivo y la cualificación profesional el eje de los procesos formativos?, en definitiva, formar ¿en qué y para qué?

La formación en un sentido amplio, es un proceso de adquisición de conocimientos, de valores, de normas, de formación de actitudes, de capacitación progresiva para gestionar la propia vida y la vida en común, para interpretar e intervenir en nuestro entorno (social, cultural, productivo...). En definitiva supone un proceso para ser persona, y por tanto, la formación para el empleo estará íntimamente ligada a ese concepto de formación para ser persona.

Surge, por tanto, la necesidad de nuevas formas educativas que acentúen una enseñanza de base amplia con vistas a la polivalencia. Se trataría por tanto de buscar modelos en los que fuese viable la conjugación de dos dimensiones de realismo:

  • (a) Exigencias que plantea nuestro aparato productivo, que está influido por una evolución tecnológica y exige reconversiones importantes a un ritmo importante, y, por otra,
  • (b) Partir de la diversidad real del conjunto de la población para dar respuestas realistas y adecuadas a cada grupo humano según como es, dónde está en el momento actual, y los recursos con los que cuenta.

 

La formación básica, entendida como una formación amplia y polivalente es un elemento esencial para responder a la continua demanda de cualificación profesional (Ferrández: 1991; 1996; Jover: 1990). Nos referimos a una formación que desarrolle componentes culturales, relacionales, comunicativos, conceptuales, etc., de forma que se alcancen los rasgos de un trabajador polivalente, "sistemista", con una formación abierta a un abanico de profesiones, con capacidad de organizar su propio aprendizaje y especialmente apto para la cooperación y el trabajo de grupo o asociado.

Pero tal vez un reto mayor que el de la profesionalización inicial, o sea, el de la formación previa a la incorporación al trabajo, nos lo presente el hecho de la reconversión, de la recualificación, o formación constante como requisito para mantener el empleo. Como comentábamos, las nuevas tecnologías definen nuevos perfiles profesionales, borran otros o introducen variaciones en los ya existentes. Estos cambios demandan una cualificación sobre la marcha, ´in situ´. Una consecuencia de estos cambios en la producción es la necesidad de considerar la formación como una exigencia creciente en el campo de los recursos humanos. Ésta debe ser asumida como uno más de los servicios que el Estado y otras instituciones ofrecen permanentemente a los ciudadanos, como un producto de consumo para el bienestar social. Y en este sentido hemos de preguntarnos por las características del modelo formativo que habría de responder a esta demanda, cuestionándonos, como paso previo, la multiplicidad de esfuerzos para ayudar en la cualificación de estos recursos, ya sea mediante una formación técnico-profesional -desarrollada en la escuela-, una formación profesional-ocupacional -apuntemos en este sentido los presupuestos que destinan las diferentes administraciones laborales (Unión Europea, Estados, Comunidades Autónomas...) para gestionar cursos de formación profesional-ocupacional-, o la formación desarrollada en la propia empresa -formación como inversión-.

En definitiva, cuando nos aproximamos al análisis de la relación formación-empleo, nos encontramos con una relación compleja e imprecisa, pero una relación que nadie niega. En la mente de casi todos, y por otra parte nadie se atreve a desmentir, está el hecho de que mayores niveles de formación posibilitan mayores oportunidades de acceso al mercado de trabajo. Pero por contra de lo previsto, no se trata de una formación especializada (que en su momento también lo será) sino que las mayores posibilidades de éxito en el mercado laboral (permanencia y movilidad en el mismo) vendrán de mano de una amplia y sólida formación de base. Apuntemos, para finalizar este punto, las palabras de John Oxenham a la vista de las imprecisas relaciones entre educación y empleo que había podido observar en sus numerosas investigaciones sobre el particular (cit. en Díaz: 1990, 178): "...constituiría una imprudencia que los educadores se preocupasen en exceso de lo que los empleadores piden de la educación; mucho mejor sería que se preocuparan más de enseñar bien, de que los alumnos aprendan realmente, y de ayudar a estos a desarrollar todas las capacidades posibles".

Sólo de esta forma garantizaremos en mayor medida las posibilidades de acceder a un mundo laboral en continua transformación y cambio, a un mundo laboral que continuamente necesita cualificaciones nuevas, que exige nuevos conocimientos, habilidades, técnicas...

Exigencias y respuestas

Exigencias sociolaborales y respuestas formativas

Vamos a intentar aproximarnos a la realidad de nuestro sistema educativo y cual es su planteamiento a esta realidad. Para ello comenzaremos por presentar unas breves notas sobre el panorama histórico de las enseñanzas profesionales, para pasar, en un segundo momento a situarnos en el contexto actual y su modelo de formación profesional. Una extensión cada vez más relevante de la oferta formativa nos la ofrecen los sistema de formación ocupacional (ligado a las políticas de empleo) y formación continua.

a) Referentes históricos.

El sistema de formación profesional no ha sido siempre competencia de la administración educativa. Hasta el año de 1931, estas enseñanzas se desarrollaban bajo los auspicios del Ministerio de Trabajo, y jugaban un papel muy importante los Patronatos como órganos encargados de regular las enseñanzas de las Escuelas Elementales y Superiores de Trabajo. Pero tal vez hasta la Ley Orgánica de la Formación Profesional Industrial de 1955 no podamos hablar de una verdadera aproximación de la formación profesional al resto del sistema educativo.

Ahí, tal vez, radica una de las características de nuestro sistema formativo, la división de competencias entre administraciones, situación que aún sobrevive, en cierta medida en nuestros días. Un Ministerio de Educación y Ciencia centrado en las enseñanzas regladas, y un Ministerio de Trabajo y Seguridad Social con competencias en los procesos de formación profesional ocupacional.

El antecedente más próximo hemos de situarlo en la Ley General de Educación de 1970. Una ley que pretendía superar el carácter minoritario y marginal que venía caracterizando al sistema de formación profesional. Un proyecto que pretendía combinar un tronco de educación común, con salidas profesionales variables en duración y contenido, según las exigencias concretas y peculiares de cada rama profesional. Se pretendía un modelo de formación profesional que suponía la creación de un sistema de tránsito entre los diferentes niveles educativos y el mundo laboral. Los tres grandes niveles previstos se entendían como ciclos de formación flexible, de adaptación a la ocupación.

Un último dato que nos parece oportuno comentar, a este respecto, es el hecho de que a pesar de los cambios y reformas que se han operado en nuestro sistema educativo, e incluso a pesar de lo acertado de muchos de los planteamientos de la ley del setenta, hoy día sigue persistiendo una "disfuncionalidad" del sistema de formación profesional, y de su adecuación a las demandas de la sociedad en que vivimos. Veamos si no, algunas de las razones que justificaron la última reforma del sistema educativo (Carbonell, 1990):

  • 1.- Desfase de la Ley General de Educación de 1970.
  • 2.- Los cambios sociales y las nuevas demandas educativas.
  • 3.- El desarrollo de la Constitución.
  • 4.- La integración de iniciativas experimentales de reforma e innovación.
  • 5.- Incorporación de la cultura de renovación pedagógica.
  • 6.- La lucha contra la discriminación y la desigualdad.
  • 7.- La vinculación de la escuela con el mundo del trabajo.
  • 8.- La relación de la escuela con otros escenarios de aprendizaje.
  • 9.- La calidad de la enseñanza.
  • 10.- La integración europea (competitividad y libre movilidad).

En definitiva, estábamos ante un sistema de formación profesional (reglada) que no propicia el acceso de la población laboral a estas enseñanzas, ni tiene la estructura adecuada para propiciar la formación permanente. Los problemas del sistema educativo son sintetizados por Rueda (1990) en una escasa conexión del sistema de formación con el sistema de producción, en las altas tasas de fracaso escolar, en la práctica carencia de canales de actualización del profesorado, en la alta insatisfacción y devaluación social de estas enseñanzas, y en la consideración de la formación profesional como una vía paralela y segregada del Bachillerato.

b) Las Enseñanzas Profesionales.

El modelo de formación de nuestro sistema educativo empieza a manifestarse públicamente en el año 1987 con la publicación, por parte del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC, 1987), de una propuesta para debate del proyecto de reforma de la enseñanza, al que seguirá en 1988 otro documento para el debate del proyecto para la reforma de la educación técnico profesional (MEC, 1988). Al año siguiente aparecerán otros documentos de vital importancia en este proceso de reforma, el Libro Blanco para la Reforma del Sistema Educativo (MEC, 1989) y los documentos de debate sobre: a) los diseños curriculares base, los planes de investigación educativa y los planes de formación del profesorado. Estos debates irán en aumento y variabilidad en la medida que van apareciendo las propuestas de distintas Comunidades Autónomas con competencias en materia de educación.

Como resultado de estos procesos de debate y discusión, y tras la aprobación del Consejo General de la Formación Profesional, del Consejo Escolar del Estado, del Gobierno y del Parlamento, se promulgará, el tres de octubre de 1990, la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (Ley 1/1990). Y dada la importancia y consideración política, social y educativa de la enseñanzas técnico profesionales, unos años más tarde (2002) se promulgará la Ley Orgánica de las Cualificaciones y de la Formación Profesional (LOCFP), con la que se pretende adecuar la Formación Profesional a las nuevas exigencias del sistema productivo y fomentar la formación y la readaptación profesional.

Si partimos del concepto de profesionalización (Requejo y cols. 1991) cuando hablemos de formación técnico profesional hemos de referirnos, en nuestro contexto educativo, a dos ámbitos profesionalizadores:

1.- El ámbito universitario. En España, somos deudores de un modelo napoleónico administrativo (Requejo y otros, 1991) en el que los títulos académicos que se otorgan habilitan para el ejercicio profesional; y por tanto, en este caso, de la titulación académica se deriva directamente la competencia profesional. Y en este sentido se expresa la legislación actual derivada de la Ley de Reforma Universitaria de 1983: el Real Decreto 1496/1987 de 6 de noviembre sobre obtención, expedición y homologación de títulos universitarios (B.O.E. del 14-12-87); el Real Decreto 1497/1987 de 27 de noviembre por el que se establecen las directrices generales comunes de los planes de estudio de los títulos universitarios de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional (B.O.E. del 14-12-87); la Orden de 8 de julio de 1988 para la aplicación de los Reales Decretos 185/1985 de 23 de enero y 1496/1987, de 6 de noviembre, en materia de expedición de títulos universitarios: "El primer ciclo de las enseñanzas universitarias comprenderá enseñanzas básicas de formación general, así como, en su caso, enseñanzas orientadas a la preparación para el ejercicio de las actividades profesionales. El segundo ciclo, estará dedicado a la profundización y especialización en las correspondientes enseñanzas, así como a la preparación para el ejercicio de las actividades profesionales" (Art. 3.2 del R.D. 1497/1987 de 27 de noviembre).

Por otra parte, nos estaríamos refiriendo a aquellas enseñanzas que posibilitarían el acceso a los niveles cuatro y cinco, de acuerdo con los niveles de cualificación profesional establecidos por la Comunidad Europea.

2.- Ámbito no universitario. En este nivel nos detendremos un poco más para hablar de lo que podemos denominar esferas de la formación técnico profesional: a) una formación profesional de base, b) una formación profesional específica, c) una formación profesional ocupacional, y d) una formación continua en la empresa.

a) La formación profesional de base forma parte del tronco común de la enseñanza secundaria obligatoria, como una educación tecnológica general para todos lo alumnos, como área específica que recoja no sólo la formación en las tecnologías básicas, sino también el conocimiento del entorno social y productivo. Debe ser una enseñanza, que formando parte de los distintos niveles de secundaria (obligatoria y bachilleratos) suponga una dimensión práctica y profesionalizadora de las materias tradicionales y establezca objetivos que favorezcan la transición a la vida activa. La formación profesional de base es el conjunto de conocimientos, aptitudes y capacidades básicas que se relacionan con un conjunto amplio de profesiones. Es esa formación que debe servir como base o fundamento de cualquier tipo de formación profesional que se desarrolle posteriormente. Constituye por tanto, una parte fundamental de la formación de la persona, una base para posteriores especializaciones, garantizando de esta forma la polivalencia. Es la garantía y el fundamento de la formación permanente que nos demanda nuestra sociedad, y la realidad sociolaboral en que nos movemos.

Como garantía social, para aquellos que no culminen las enseñanzas obligatorias, y por tanto, no dispongan de esa sólida formación de base, se establecerán programas específicos de garantía social, con el fin de proporcionarles una formación básica y profesional que les permita incorporarse a la vida activa o proseguir sus estudios en las distintas enseñanzas (Ley Orgánica 1/1990: Art. 23.2).

En este caso se trataría de una formación que intentase facilitar la adquisición de, al menos, un nivel 1 de cualificación, de acuerdo con los niveles establecidos por la Comunidad Europea: "Se accede a este nivel por la escolaridad obligatoria y la iniciación profesional. Esta iniciación profesional se adquiere en un establecimiento escolar, en el marco de estructuras de formación extraescolares, o en la empresa. La cantidad de conocimientos teóricos y de capacidades prácticas es muy limitada. Esta formación debe permitir principalmente la ejecución de un trabajo relativamente simple, pudiendo su adquisición ser bastante rápida".

Pero no sólo ha de estar esta formación profesional de base como componente de la educación obligatoria, también tiene un importante papel en los Bachilleratos a través de las distintas modalidades, que permitan al alumno encaminarse hacia distintos campos del conocimiento y de la actividad productiva, y a través de un sistema de materias optativas dentro de cada modalidad, que permita apuntar con más claridad hacia determinadas carreras universitarias y/o determinados módulos profesionales de nivel tres.

b) Con una formación profesional de base como la descrita es posible afrontar una posterior formación profesional específica como puente entre la escuela y la empresa. Esta formación profesional específica es el conjunto de habilidades, conocimientos, capacidades relativos a una profesión, entendida ésta como la competencia para ejercer una gama más o menos amplia de puestos de trabajo afines, de un mismo campo profesional. Es una formación situada entre la formación profesional de base y la formación en el puesto de trabajo, y por ello no ha de olvidar la consolidación y/o ampliación de esa formación de base.

Dado el papel de puente que le toca jugar a este nivel de formación profesional, debe ser concebida ésta bajo los requisitos de flexibilidad y capacidad de adaptación. Ha de desarrollarse un modelo de colaboración centro-empresa, un modelo en donde ambos reconozcan su papel específico. Los centros educativos han de aportar profesorado, capacidad pedagógica, medios didácticos. Y las empresas han de facilitar conocimiento directo de los problemas técnicos, laborales, aportando sus especialistas, sus medios materiales actualizados.

La formación profesional específica tendrá una concreción en ciclos formativos de grado medio y superior. Por ciclo se entiende la enseñanza y la formación en un conjunto de conocimientos y habilidades que constituyen un bloque coherente de formación profesional específica y que completan la formación necesaria para ejercer una profesión. Estos se organizarán en familias profesionales por afinidad formativa, asentándose cada familia en un tronco común de conocimientos y habilidades adquiridos, o bien por la vía académica en la formación profesional de base de la enseñanza secundaria, o bien por la experiencia productiva y profesional.

Los ciclos formativos de grado medio preparan para desempeñar un abanico de puestos de trabajo relativamente reducido, que requieren cierto aprendizaje y cualificación específica y cuyo componente fundamental es la ejecución. Se trata de módulos que con una estructura variable y una adecuada práctica en la empresa permiten alcanzar el nivel dos de cualificación profesional de la Comunidad Europea: "Da acceso a este nivel la escolaridad obligatoria y la formación profesional. Este nivel corresponde a una cualificación completa para el ejercicio de una actividad bien determinada con capacidad de utilizar los instrumentos y las técnicas relativas a ellas. Esta actividad concierne principalmente a un trabajo de ejecución que puede ser autónomo en el límite de las técnicas que le son propias".

Los ciclos formativos de grado superior culminan la preparación reglada para desempeñar un abanico de puestos de trabajo de un cierto nivel técnico. Pretenden una cualificación de técnicos intermedios con una formación polivalente, sistémica y con capacidad para organizar su propio aprendizaje y para el trabajo en grupo o asociado. Es una formación que combinando la formación en el centro educativo (organización del trabajo, de la empresa y para la vida laboral, y una especialización técnica en el sector profesional) con una formación práctica en centros de trabajo, que comprenderá el estudio de las relaciones en las empresas y otras instituciones. Se trata de una formación que debe posibilitar, de acuerdo con la Comunidad Europea, acceder a un nivel tres de cualificación profesional: "Da acceso a este nivel la escolaridad obligatoria y/o la formación técnica escolar, u otra de nivel secundario, esta formación implica más conocimientos teóricos que el nivel dos. Esta actividad concierne principalmente a un trabajo técnico que puede ser ejecutado de forma autónoma y/o comporta responsabilidades de encuadramiento y de coordinación".

(c) Una formación ligada al puesto de trabajo. Una formación que permite la adaptación práctica, más o menos rápida, de los conocimientos teórico-prácticos adquiridos en la formación profesional específica, a un puesto concreto de trabajo. "La conexión con el ciclo corto del aparato productivo, y sus demandas cambiantes no puede ni debe hacerse sino a través de las enseñanzas ocupacionales, puntuales, dirigidas a la provisión de muy determinados puestos de trabajo, y a la introducción de innovaciones tecnológicas puntuales. Si las enseñanzas profesionales se empeñan en ajustarse al ciclo corto, se desvirtúan, se convierten en ocupacionales y desaparecen. Otra cosa es que entre enseñanzas profesionales haya una buena conexión, que los recursos invertidos en unas y otras se aprovechen mutuamente, y se logre la mejor rentabilidad. Y es evidente que, en todo caso, la escuela debe permanecer abierta a su entorno" (Albarrán, 1987).

d) Una formación continua en la empresa. El desarrollo de la formación profesional continua para los trabajadores ocupados cuenta como punto de partida con un reconocimiento constitucional de este derecho, así, en el capítulo referido a los principios rectores de la política social y económica, y especialmente el artículo 40.2 compromete a los poderes públicos a fomentar "una política que garantice la formación y readaptación profesionales; velarán por la seguridad e higiene en el trabajo y garantizarán el descanso necesario, mediante la limitación de la jornada laboral, las vacaciones periódicas retribuidas y la promoción de centros adecuados".

Este derecho a la formación profesional del trabajador queda recogido y desarrollado en el Estatuto de los Trabajadores (Ley 8/1980) donde se concreta en medidas como son los permisos para presentarse a exámenes, la posibilidad de organizar un horario laboral que facilite la asistencia del trabajador a cursos de formación profesional, o la autorización para realizar cursos de formación dentro del horario laboral.

Hasta 1993 la respuesta fundamental se había puesto en juego a través del Plan Nacional de Formación e Inserción Laboral, y desde hace unos años la referencia debemos situarla en la Fundación Tripartita. Junto a esta oferta hemos de citar también la posibilidad que existe de que los convenios colectivos incluyan cláusulas que contemplen aspectos formativos.

Retos y oportunidades

Nuevos retos y oportunidades

 

Queremos finalizar este capítulo apuntando algunos de los retos actuales de un sistema de formación para el desarrollo socioprofesional, junto con lo que consideramos como apuestas para su mejora. Sin duda que no seremos minuciosos, pero al menos esperamos provocar la reflexión y el análisis compartido de estos asuntos, como base de una mejora compartida de la formación futura.

La formación orientada al trabajo, a la cualificación, tiene sentido sobre la base de:

a) Una actitud del formando. Una concienciación del valor de la formación como pieza clave de la profesionalización.

b) Una integración de la formación en la política estratégica de la empresa.

En la mayoría de las ocasiones (y especialmente en la Formación Ocupacional) la formación es entendida como una vía rápida de conseguir ?acreditaciones? que posibiliten afrontar procesos de contratación/promoción con mayores posibilidades de éxito ("titulitis"). Pero raramente se busca una cualificación, una profesionalización real. Tal vez demandamos más formación entendida como ese conjunto de recetas para situaciones de emergencia o como ?varita mágica? que soluciona los problemas de acceso y estabilidad laboral. En todo caso, y como apuntábamos, es necesario un replanteamiento de la importancia de la formación, tanto como elemento de un política estratégica como de un plan de desarrollo personal.

En este momento hemos de volver, de nuevo, a recordar uno de los problemas de nuestro sistema educativo, la división de competencias en el campo formativo. Un Ministerio de Educación con competencias en la regulación y desarrollo de las enseñanzas "regladas" (Formación de Base y Formación Profesional Específica). Otro ministerio, el de Trabajo, con competencias en materia de formación profesional ocupacional. Y una fundación (FORCEM/Fundación Tripartita) encargada de la formación continua de los trabajadores ocupados. Ciertamente este asunto es un gran problema y en él situamos el origen de diversos problemas con un nexo común: la descoordinación.

Creemos esencial avanzar en la gestión de un sistema ágil y compartido (Morales, 2005). Un sistema que facilite la unidad de acreditación de competencias (certificados de profesionalidad?), facilitando así mismo la coordinación y compensación de los sistemas formativos y no su superposición. La realidad de este sistema tan sólo se alcanzará (de forma más realista) tras procesos de negociación entre los diferentes agentes implicados en cada uno de los subsistemas de formación y la consolidación de una única entidad de gestión. Un análisis que debe verse enriquecido con análisis comparativos, donde es esencial contar con los agentes de formación, gestores de formación, agentes sociales y administración, además con la capacidad analítica e investigadora de la Universidad. En esta línea hemos de mostrar cierta esperanza en el rumbo que marcará el Instituto Nacional de las Cualificaciones, sobre el que esperamos informaciones en breve plazo.

Comenzábamos estas reflexiones sobre "Formación y Trabajo" apuntando a las nuevas tecnologías como el motor de los continuos cambios que viene viviendo nuestra sociedad, y sus subsistemas. Y tal vez podría percibirse cierto tono de desacreditación, en cuanto se señalaban como ?culpables? de tanta desestabilización, pero lo cierto es que nos abren unos nuevos horizontes y perspectivas en el campo de la formación, posibilitando respuestas más adecuadas a las exigencias y condicionantes del contexto sociolaboral, y en concreto al mundo de la formación continua y el desarrollo profesional.

La incorporación de las tecnologías de la información y comunicación a los procesos de formación, suponen no sólo un cuestionamiento de las prácticas habituales sino que nos posibilitan nuevas oportunidades, facilitando procesos personalizados, flexibles y adaptados a requerimientos específicos (tanto organizativos como personales) y especialmente a colectivos heterogéneos con necesidades y condiciones particulares.

Y en este sentido es muy adecuado acudir a los planteamientos al respecto que los profesores González Soto y Cabero Almenara (2001) nos presentaron en el III Congreso de Formación Ocupacional, por cuanto estas tecnologías nos van a posibilitar:

  • a) Ampliación de la oferta informativa.
  • b) Creación de entornos más flexibles para el aprendizaje.
  • c) Potenciación de escenarios interactivos.
  • d) Cambios en los modelos de comunicación y en los métodos de enseñanza-aprendizaje a utilizar por los profesores.
  • e) Utilización de escenarios que favorecen tanto el autoaprendizaje personal como el trabajo en grupo y colaborativo.
  • f) Surgimiento de nuevas modalidades de tutorización.
  • g) Entornos de interacción humana.
  • h) Generación de una cultura de la evaluación.

Así por ejemplo, estos autores nos apuntan la formación en red y la videoconferencia (amén de otras tecnologías como simuladores y sistemas expertos?) como dos de las tecnologías con más posibilidades para la formación ocupacional y profesional. Y para la primera de ellas, siguiendo las aportaciones de diferentes investigadores, nos apuntan una serie de ventajas y limitaciones que sintetizamos en el cuadro siguiente.

Formación basada en la red

VENTAJAS

  • La formación está centrada en el estudiante y se adapta a sus características y necesidades.
  • Conecta a estudiantes dispersos geográficamente.
  • Se pueden realizar evaluaciones individuales de los estudiantes.
  • El contenido puede ser actualizado y adaptado de forma rápida y económica.
  • El contenido es solicitado por el estudiante cuando lo necesita.
  • Reducción de costos económicos para la realización de actividades formativas.
  • Reducción de costes al eliminar las pérdidas de tiempo por el desplazamiento de los profesores y de los estudiantes participantes en la formación.
  • Ofrece flexibilidad para la formación.
  • El ritmo de aprendizaje es marcado por el estudiante, sin que ello signifique que no pueda existir una propuesta por parte de los instructores.
  • Se amplían los escenarios para el aprendizaje: centro educativo, trabajo, hogar.
  • Independencia geográfica y temporal de la acción formativa.
  • Puede desarrollarse con diferentes tipos de plataformas y con diferentes entornos informáticos.
  • Permite extender la formación a un número mayor de personas.
  • Permite la combinación de diferentes recursos multimedia.
  • Posibilidad de utilizar diferentes herramientas de comunicación sincrónica y asincrónica para comunicarse el estudiante con otros estudiantes y con el profesor.

LIMITACIONES

  • Acceso y recursos necesarios por parte del estudiante.
  • Necesidad de una infraestructura administrativa específica.
  • Se requiere contar con personal técnico de apoyo.
  • Costo para la adquisición de equipos con calidades necesarias para desarrollar una propuesta formativa rápida y adecuada.
  • Necesidad de cierta formación para poder interaccionar en un entorno telemático.
  • Necesidad de adaptarse a nuevos métodos de aprendizaje.
  • En ciertos entornos el estudiante debe de saber trabajar en grupo de forma colaborativa.
  • Problemas de derechos de autor, seguridad y autentificación en la valoración.
  • Las actividades en línea pueden llegar a consumir mucho tiempo.
  • El ancho de banda que generalmente se posee no permite realizar una verdadera comunicación audiovisual y multimedia.
  • Toma más tiempo y más dinero el desarrollo que la distribución.
  • No todos los cursos y contenidos se pueden distribuir por la web.
  • Muchos de los entornos son demasiado estáticos y simplemente consisten en ficheros en formato texto o pdf.
  • Si los materiales no se diseñan de forma específica se puede tender a la creación de una formación memorística.
  • Falta de experiencia educativa en su consideración como medio de formación.

Así, podemos afirmar con González y Gaudioso (2001) que Internet es un medio especialmente adecuado para favorecer los procesos de aprendizaje significativo y activo, dado que el acceso al material hipermedia obliga a tomar un papel activo por parte del lector. En realidad, la gran ventaja del acceso al material en un web es que la lectura del mismo depende de las selecciones y acciones realizadas por el usuario -según sus intereses- y no sólo de la estructura previamente concebida por el diseñador (y que en otros casos puede ser fundamental). Así mismo hemos de reconocer la contribución a la ruptura de los problemas espaciales y temporales (horarios).

Pero no olvidemos, como nos apuntan Pérez y Verdú (2000) que los servicios de la sociedad de la información deben ser antropocéntricos, es decir, diseñarse pensando en las personas que constituyen sus potenciales usuarios, y que es necesario simplificar, ya que puede que algunos usuarios de a pie aún tengan problemas para usar las nuevas tecnologías (disponibilidad, formación e integración). El énfasis no debe estar en que el sistema sea muy sofisticado o en que esté diseñado con tecnología punta, sino en que el servicio que ofrezca pueda ser usado fácilmente por parte de los usuarios.

Un elemento importante para la formación y cualificación es la disponibilidad de información variada y suficiente sobre las oportunidades formativas, y por ello no queremos finalizar este capítulo se hacer al menos una referencia a diversas fuentes y herramientas de ayuda y apoyo.

Una valiosa aportación nos la ofrece el portal europeo Ploteus, el portal sobre oportunidades de aprendizaje en todo el espacio europeo. Tiene como objetivo ayudar a estudiantes, personas que buscan empleo, trabajadores, padres, orientadores y profesores a encontrar información sobre como estudiar en Europa.

En Ploteus se puede encontrar información sobre las posibilidades de aprendizaje a lo largo de la vida en Europa:

  • a) Oportunidades de aprendizaje y posibilidades de formación disponibles en la Unión Europea. En este sentido facilita múltiples enlaces con páginas webs de universidades e instituciones de enseñanza superior, bases de datos de centros escolares y de formación profesional, así como de cursos de educación de adultos.
  • b) Sistemas de educación y formación. Descripción y explicaciones sobre los diferentes sistemas educativos de los países europeos.
  • c) Programas de intercambio y becas (Erasmus, Leonardo da Vinci, Sócrates, Tempos) disponibles en los países europeos; cómo solicitarlos, con quien contactar, etc.
  • d) Todo lo que se necesita saber cuando se traslada a vivir al extranjero, a otro país europeo: coste de la vida, gastos de educación, cómo encontrar alojamiento, el marco legal y otra información general para los países europeos.

En el contexto de España debemos mencionar el Programa Orienta, que desarrolla el Ministerio de Educación y Ciencia, y que nos ofrece importantes ayudas para la toma de decisiones sobre temas educativos, formativos y profesionales.

En una línea similar también las Comunidades Autónomas con competencias suelen disponer de servicios y recursos de apoyo y ayuda, como en es el caso del Programa Andalucía Orienta que desarrolla la Junta de Andalucía a través del Servicio Andaluz de Empleo y en colaboración con las diferentes universidades de la Comunidad.

Para finalizar esta relación de recursos y apoyos para la información, queremos hacer referencia al instrumento que recientemente hemos elaborado en el marco del Programa de Estudios y Análisis para la mejora de la enseñanza superior en España, desarrollado y financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia (Morales, 2003).

Este instrumento de apoyo a la orientación, formación e inserción laboral de los universitarios consta de diversos apartados:

a) Núcleos de Formación.

b) Recursos de información.

c) Recursos de Comunicación.

Bibliografía

  • ALBARRÁN, A. (1987). La formación profesional a lo claro. Madrid, Popular.
  • ÁLVAREZ ROJO, V. (2001). Orientación socio-laboral: elementos conceptuales , en B. Bermejo y otros: Fórmate para orientar. Sevilla: GID (CD-rom)
  • ÁLVAREZ, P. (2000). Vías para encontrar trabajo . Madrid: Libsa.
  • BERMEJO, B. (2002). Orientación y desarrollo profesional. En Rodríguez Briones, y otros (Coords). Formación y Orientación Profesional: De la escuela al mundo del trabajo. Sevilla: FETE-UGT Sevilla.
  • BERMEJO, B. y MORALES, J.A. (Coords.) (2000). Formación y trabajo: Inserción y desarrollo profesional . Sevilla: GID.
  • BERMEJO, B.; DOMÍNGUEZ, G. y MORALES, J.A. (1996). Formación profesional ocupacional. Perspectivas de un futuro inmediato . Sevilla, G.I.D.
  • CABERO, J. (2002): Las TICs en la Universidad , Sevilla, MAD.
  • CABERO, J. (dir) (2001): Tecnología educativa. Diseño y utilización de medios en la enseñanza , Barcelona, Paidós.
  • CABERO, J. y otros (Coords.) (2000). Y continuamos avanzando. Las nuevas tecnologías para la mejora educativa. Sevilla: Kronos.
  • CARBONELL, J. (1990). La reforma educativa a lo claro. Madrid, Popular.
  • DIAZ, J. (1990). Nuevas tecnologías, reorganización del trabajo y necesidades educativas. Jornadas técnicas internacionales. La formación profesional en los años 90. Vitoria-Gasteiz, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 165-179.
  • FERRÁNDEZ, A. (1991). Educación de personas adultas . Madrid, Diagrama.
  • FERRANDEZ, A. (1996). La formación ocupacional en el marco de la formación continua de adultos. En B. Bermejo; G. Domínguez y J.A. Morales (Coords.). Formación profesional ocupacional. Perspectivas de un futuro inmediato. Sevilla: G.I.D., 3-49.
  • GONZÁLEZ, A.P. y CABERO, J. (2001). Formación: Nuevos escenarios y nuevas tecnologías. III Congreso de Formación Ocupacional. Formación, Trabajo y Certificación. Nuevas perspectivas del trabajo y cambio en la formación. Zaragoza: CIFO-IFES.
  • GONZÁLEZ, J. y GAUDIOSO, E. (2001). Aprender y formar en Internet. Madrid: Paraninfo.
  • GUTIÉRREZ-CRESPO ORTIZ, E. (2002). Aprendiendo a buscar empleo desde el aula taller de orientación laboral. Madrid: CCS.
  • JIMÉNEZ, B. (1996). Claves para comprender la formación profesional en Europa y en España. Barcelona: PPU.
  • JOVER, D. (1990). La formación ocupacional para la inserción, la educación permanente y el desarrollo local. Madrid: Popular/MEC.
  • MORALES, J.A. (2002). Formación y trabajo. En Rodríguez, J. y otros (Coords.). Formación y orientación profesional: De la Escuela al Trabajo. Sevilla: FETE-UGT/GID.
  • MORALES, J.A. (2004) (Coord). Instrumento de apoyo a la orientación, formación e inserción laboral de los universitarios. Sevilla: GID.
  • MORALES, J.A. (2005). De los subsistemas de formación a los centros integrados . En IV Congreso de Formación para el Trabajo. Nuevos escenarios de trabajo y nuevos retos en la formación. Madrid: Tornapunta Ediciones.
  • MORALES, J.A. y BERMEJO, B. (1995). Reforma educativa y formación profesional . En L.M. Villar y J. Cabero (Coords.). Aspectos críticos de una reforma educativa. Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 189-203.
  • PÉREZ, M.A. y VERDÚ, M.J. (2000). Teleformación: Primaria, secundaria, universitaria y permanente. Valladolid: Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial de la Universidad de Valladolid.
  • REQUEJO, A. y otros (1991). Formación técnico-profesional y mercado de trabajo . En L. NÚÑEZ (Edt.). Educación y trabajo. Sevilla, Preu_Espínola, 151-188.
Imprimir